Home Entretenimiento The Who: una deuda saldada a puro rock and roll

The Who: una deuda saldada a puro rock and roll

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Finalmente, los Who tocaron en la Argentina, y también en esta parte del mundo dejaron en claro, en 90 minutos de rock explícito, por qué 53 años después de su formación, ocupan uno de los escalones más altos del podio de la historia universal del rock.

Y como si saldar una cuenta pendiente de semejante magnitud pudiera ser poco, luego de la performance de la banda liderada por Roger Daltrey y Pete Townshend (o al revés), al cierre de esta edición los Guns N’ Roses -a esta altura ya no sólo visitantes ilustres, sino también frecuentes- comenzaban a ratificar que en eso de popularidad e incondicionalidad, aquí le pelean el primer puesto mano a mano a cualquier competidor.

Pero volvamos a la “novedad”, y a ese fuego sagrado con el que algunos elegidos atraviesan las barreras del tiempo tan envidiable prestancia que I Can’t Explain, el himno de apertura de su show, suena como si hubiese sido grabada ayer.

De ahí en adelante, la cuestión se reduce a recorrer un camino jalonado por una fantástica lista de hits, que en nuestro país probablemente hayan tenido menos atención de la que se merecían. The Seeker, Who Are You, The Kids Are Alright, I Can See For Miles, My Generation. Stop aquí. ¿Cómo era eso de morir antes de volverse viejos? Quizás lo mejor sería cambiar la pregunta. Al fin de cuentas, ¿quién dijo que hay que volverse viejo?

¿Que Pinball Wizard habla de una era que se volvió prehistórica desde que aparecieron los videojuegos? ¿Que eso de que la disputa entre los mods y los rockera dejó de ser atractivo? ¿Que Daltrey sólo se desabrocha tres botones de la camisa? ¿Que al eterno molino de Townshend le sopla menos veces el viento?

¿Y qué? Si en frente hay una multitud rindiendo tributo a una forma de hacer rock que fue escuela, con pogo incluido en Baba O’Riley; si sobre el escenario la banda, sostenida por ese baterista bestial que es Zak Starkey despliega una energía que le da el mejor marco a esas canciones inoxidables; si al mando de su stratocaster, Townshend desgarra solos con la potencia de cualquier new arrival; si Daltrey ataca cada frase como si fuera la última. Y qué, si lo que importa es la música; y en ese punto, The Who da cátedra de cómo hay que defender una obra creada, en su mayor parte, más de 40 años atrás.

Al menos así pareció, a la luz de las reacciones de esos miles que corearon a los cuatro vientos glorias como See Me, Feel Me -acaso ese “escuchándolos, tengo la música/acompañándolos, trepo montañas/sobre ustedes, veo la gloria/de ustedes, obtengo la historia” habló anoche más de todos ellos que cualquier aburrido relato de vida-; o como Won’t Get Fooled Again, en la que cada verso de esos sonó más a declaración de principios que a una simple canción.

“Tomaré mi guitarra y tocaré/como lo hice ayer/después me arrollaré y rezaré/No vamos a ser tomados por tontos de nuevo”, desgarró una vez más Daltrey su garganta, mientras Starkey descargaba su artillería sobre los tachos de Keith Moon y Townshend revoleó una vez más su brazo derecho. Por última vez en la noche. Para siempre.

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