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Dicen que se escuchó un estruendo y que transcurridos unos minutos, al pasar de las ambulancias y el sobrecogimiento de los habitantes de Remedios, se supo la magnitud de los hechos.

Varios heridos graves era el saldo principal del accidente provocado con fuegos artificiales –la noche del 24 de diciembre– en la que se considera una de las festividades más antiguas de Cuba, conocida como las Parrandas, donde los barrios San Salvador y El Carmen «pugnan» su superioridad, medidas en variables como la lucidez de carrozas, los trabajos de plaza, música, fuegos artificiales y otras iniciativas.

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«Yo estaba situado en las calles donde se ubica la carroza del barrio San Salvador (…). El primer fuego se inició a las diez de la noche y, desde ese momento, vi que comenzó a salir mal, pues no subía a la altura que debía; de hecho, estaba cayendo encima de los mismos artilleros», cuenta a Granma el periodista remediano Mauricio Escuela, testigo de los sucesos.

La competencia entre los barrios es una tradición de la fiesta popular declarada Patrimonio Cultural de la nación en el año 2013, de ahí que al decir de Escuela, aun cuando era una realidad la mala calidad del fuego, ello no detuvo su lanzamiento. «Yo me fui moviendo poco a poco hasta la calle Enrique Malaret. Allí sentí el bombazo». Había transcurrido muy poco tiempo desde el primer lanzamiento.

«Por encima de la manzana se vio subir el fuego a metros de altura, y cayó en medio del Parque Central que estaba lleno de personas (…) Al lado mío comenzaron a pasar las ambulancias y me doy cuenta de la gravedad de lo sucedido», relata el espectador de los hechos.

Las Parrandas fueron suspendidas al momento. «El pueblo se condolió mucho. Solo se hablaba de los heridos. Las autoridades enseguida comenzaron a ocuparse, llamaron a Santa Clara para pedir ayuda, se reportó el suceso a través del Ministerio del Interior y se controló todo el fuego que todavía estaba por tirar», añadió Escuela.

Las causas que originaron el accidente están siendo investigadas por los especialistas del Minint.

ATENCIÓN MÉDICA INMEDIATA

El accidente pirotécnico ocasionó quemaduras de diversa índole de gravedad a 22 personas, las que de inmediato fueron trasladadas al hospital universitario Arnaldo Milián Castro y al área 4 del Pediátrico José Luis Miranda, de la capital provincial, pues entre ellas hay seis menores, cuyas edades oscilan entre los 11 y 15 años.

Al cierre de este rotativo, transcurridas más de 24 horas del lamentable suceso, 20 personas continuaban hospitalizadas, de las cuales, según reporte de la doctora Ivette Molina Linares, jefa del Centro de Atención al Paciente Grave, del Arnaldo Milián, hay cinco pacientes en estado crítico extremo, tres críticos, dos muy graves, dos graves y otros dos de cuidado. Mientras, de los seis infantes, tres están reportados de críticos extremos, y los restantes de críticos.

Se reportan de críticos extremos los habitantes de Remedios Ariel Muñoz Rojas, de 44 años; Adrián del Río Ruiz, de 35; Luis Miguel Sáez Morales, de 16, y Suniel Sánchez Borges, de 27; así como, natural del municipio capitalino La Lisa, Humberto Rodríguez García, de 17.

En estado crítico se hallan Julio del Río Díaz, de 53, y Lázaro Ángel Menéndez González, de 55, ambos de Remedios, y César Rivero del Sol, de 23, de Santa Clara.

Como muy graves se encuentran, también de la Octava Villa, Jorge Andrés Ariosa Oliva, de 35, y Carlos A. Díaz Ochoa, de 17. En tanto, están valorados de graves Edel Daniel Vázquez, de 18 años, de Caibarién, y Danys Blanco Acosta, de 41 años, de Artemisa.

Refiere la doctora Ivette Molina Linares que de cuidado están los remedianos Luis Alberto Montes de la Cruz, de 19 años, y Yoel Enrique Y. Rodríguez, de 19 años.

En tanto, recibieron alta médica Ariel Roberto Ruiz Lorenzo, de 19, y Yasmany Monteagudo Alfonso, de 31, los dos de Remedios.

Los seis menores de edad, cuyos estados de salud están calificados de críticos graves y críticos, son: Lázaro José Bruzaín Díaz, de 11 años; Daniel Alejandro Blanco Ruiz, de 12 años; Alejandro Esquerri Gutiérrez, de 14; Guillermo Enrique del Río Ruiz, de 15; Michel Enrique del Río Pérez, de 15; y William Damián Guerra Salazar, también de 15 años.

Ocurrido el accidente, las principales autoridades políticas y gubernamentales de Villa Clara, Julio Ramiro Lima Corzo, primer secretario del PCC, y Alberto López Díaz, presidente del Poder Popular, así como el director del sectorial provincial de Salud, Dr. Oscar Armando Fernández Alegret, se personaron de inmediato en los respectivos hospitales.

En declaraciones a la prensa de la provincia, el Dr. Fernández Alegret enfatizó en que en este tipo de quemaduras hay que esperar las primeras 72 horas para ver la evolución de cada paciente, por lo que los pronósticos son bien reservados.

«Pero no han faltado ni los recursos humanos ni los materiales para luchar por la vida de cada uno de los accidentados».

UN PROBLEMA MUNDIAL

Las explosiones mortíferas de fuegos artificiales son más frecuentes de lo que se podría pensar. Aunque la industria ha evolucionado mucho con el paso del tiempo y hoy es un negocio que mueve en el orbe alrededor de 12 000 millones de dólares por año, la manipulación de estos explosivos sigue produciendo miles de heridos y víctimas mortales alrededor del mundo.

Relacionados habitualmente con las tradiciones festivas de esta época, los accidentes asociados al uso de la pirotecnia afectan cada año a miles de personas sobre todo en países con controles de seguridad menos estrictos.

China, como mayor productor y consumidor del mundo de petardos y fuegos artificiales, ha tenido que enfrentarse al lado negativo de esa práctica usada en la mayoría de las festividades.

El último accidente mortífero registrado en el gigante asiático data de julio del 2015, cuando 15 personas murieron y otra decena resultó herida en la explosión de una reserva ilegal de fuegos artificiales en la norteña provincia de Hebei. Antes, en el año 2000, 75 fallecieron en la peor catástrofe de las últimas dos décadas en esa nación.

América Latina también posee una sombría historia al respecto y la más grave de los últimos años ocurrió el 29 de diciembre del 2001 en Perú, donde al menos 280 personas murieron y 247 resultaron heridas cuando se desató un incendio en Mesa Redonda, una popular zona comercial de Lima, la capital. Las investigaciones arrojaron que el fuego se inició con la explosión de un local que vendía fuegos artificiales.

México se ha convertido en caldo de cultivo para las explosiones por mal uso de la pirotecnia y la catástrofe más reciente de la que se tiene registro en nuestro continente ocurrió en el 2016 en un taller pirotécnico de Tultepec, cuando 300 toneladas de explosivos estallaron y provocaron la muerte de 42 personas y dejaron heridas a 70 más.

La gigantesca explosión de ese mercado mexicano de fuegos artificiales es uno de los ejemplos más actuales de los peligros asociados al uso y la comercialización de los explosivos de baja intensidad, pero no el único.

Tan solo en diciembre del 2015 se registraron 132 incendios en diversas zonas de Perú que fueron causados, según las autoridades, por el incremento en el uso de la pirotecnia; en Colombia se lesionaron 599 personas y en Buenos Aires, la capital argentina, se reportaron 77 heridos por la misma razón.

En Cuba, el uso de explosivos o sustancias químicas con esa capacidad está fuertemente regulado. En el Código Penal vigente se establecen –en el capítulo X, Sobre la portación y tenencia ilegal de armas y explosivos– las sanciones a las que se somete una persona que, sin la debida autorización, incurra en este delito. Las festividades como las Parrandas requieren, por tanto, de permisos especiales y también de medidas de seguridad para evitar sucesos tan lamentables. En este caso, los hechos están bajo investigación.