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Una vez más, embestida contra México

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Luis Videgaray durante su visita a Washington DC Lennin Nolly / EFE

En las últimas semanas, la andanada contra México del presidente Donald Trump ha arreciado, llegando incluso a amenazar con cerrar la frontera con nuestro país si el gobierno mexicano no impide el avance de la caravana anual de centroamericanos hacia Estados Unidos (EU).

En su embestida acusatoria, Trump ha culpado al Gobierno de México de mostrar pasividad frente a su débil y porosa frontera, y ha condicionado la continuidad del TLCAN, a una respuesta vigorosa de la administración mexicana que impida el avance de la caravana inmigrante hacia EU.

México ha respondido que no acepta condicionamientos de otro Gobierno, por lo que el panorama ya de por sí complejo, dada la percepción radical de Trump frente al TLCAN, considerándolo muy negativo para su país, con estos nuevos acontecimientos, se complica aún más.

Trump no ha logrado que el Congreso de su país autorice recursos para levantar la totalidad del muro que desea construir en la frontera con México, de ahí que el mandatario haya instruido a su staff de la Casa Blanca a pedir a los legisladores que endurezcan las leyes de petición de asilo y facilitar la expulsión de menores, temas que están regulados por los tribunales y no por los legisladores.

La caravana anual de inmigrantes centroamericanos que atraviesa México rumbo a Estados Unidos, ya no es solamente por razones económicas sino para huir de la violencia criminal que impera particularmente en Honduras, de donde proviene la gran mayoría de inmigrantes que la integran. Se trata entonces de una tragedia humanitaria que podría afectar a México, si Trump cumple su dicho a cabalidad.

En los últimos seis años, las peticiones de asilo en México han crecido más de un 1000%. De un par de cientos de casos en 2011 a casi nueve mil casos, cinco años después. Como consecuencia de ello se puso en marcha el Programa Frontera Sur, con la colaboración y apoyo de Estados Unidos, en donde ese país capacitó a elementos de migración de México, y donó torres de vigilancia y equipos de datos biométricos, a fin de que contáramos con un mayor control en carreteras y lugares concurridos por los inmigrantes.

Pero hay que destacar que, más allá de la caravana, motivo de la estridente respuesta de Trump, todos los años transitan por México en dirección a Estados Unidos 400 mil personas provenientes de Centroamérica y que, frente a la indiferencia de antaño, el control de la migración que llega del sur se ha convertido en un tema prioritario para nosotros gracias a la implementación del plan de combate al crimen organizado, firmado con la Unión Americana en 2014.

De entonces a la fecha, México mantiene un mayor control de su porosa frontera sur, multiplicando las deportaciones al grado de superar a Estados Unidos en este tema. El año pasado, Estados Unidos deportó a 96 mil migrantes frente a los 147 mil que deportó México, a un ritmo de 293 diarios, según cifras oficiales.

Y mientras Trump advierte de un “flujo masivo de drogas y gente” entrando a Estados Unidos, asegurando que solo un muro, que complete las zonas actuales sin valla, puede frenarlo, especialistas y ONGs en el tema migratorio señalan que un muro fronterizo no impedirá el flujo de inmigrantes, sólo los obligará a tomar caminos más peligrosos.

Ante la impredecible reacción del mandatario estadounidense, que suele variar de un día para otro, resulta útil mencionar la opinión del canciller Luis Videgaray sobre tan polémico personaje: “Frente a Donald Trump no tenemos manual, no hay instructivo, no hay un libreto al que acudir”. México en ese contexto sólo tiene una forma de actuar, con autodeterminación y respeto al derecho ajeno.

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