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Vacunación desata debate político

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Un brote de sarampión en Estados Unidos encendió las alertas de los sistemas de salud, pero también abrió un debate sociopolítico sobre si la decisión de vacunar a los niños depende sólo de los padres o debe intervenir el Estado.

En la muy políticamente polarizada atmósfera de Estados Unidos, la polémica encontró eco en la aún incipiente —pero  ya en desarrollo— campaña presidencial de 2016.

La batalla por la Presidencia empezó y los aspirantes, especialmente los republicanos, voltearon su vista hacia el tema de las vacunas. Dos contendientes a la nominación presidencial por el Partido Republicano en Estados Unidos fijaron su postura acerca de la obligatoriedad de la inmunización infantil.

Es un tema sensible para algunas familias, por lo menos ahora, parece posible que se convierta en uno de los grandes asuntos  de debate durante la próxima campaña electoral de 2016.

En alguna medida, el debate sobre las vacunas refleja al extremo una discusión eterna de la sociedad estadunidense en  torno a que ello es jurisdicción de los estados y lo que corresponde al gobierno federal. Para muchos republicanos, alineados con la noción más tradicional, el tema corresponde a los estados o, incluso según algunos grupos religiosos conservadores, al albedrío de los padres.

Del otro lado están quienes creen que la vacunación es una cuestión de salud pública nacional y no importa quién lo determine, sino que se realice.

El gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, realizó una visita a un fabricante de vacunas en Cambridge, Gran Bretaña, como parte de su gira de campaña, y durante ella expresó que las vacunas son “importantes para la salud pública”, pero añadió que “los padres tienen que tener algún tipo de margen de elección en las cosas, debe existir un “equilibrio”, señaló.

Otra declaración fue la de Rand Paul, senador republicano por el estado de Kentucky; aseguró en una entrevista para la televisión que la vacunación deben ser voluntaria, ya que “he oído hablar de muchos casos trágicos de niños que hablaban y caminaban normalmente que terminaron con trastornos mentales profundos después de las vacunas”.

Estas declaraciones al parecer contradicen lo expresado por el presidente Barak Obama con anterioridad en una entrevista con la cadena estadunidense NBC News, donde dijo que los padres “deben vacunar a sus niños” y la ciencia detrás de las vacunas es “indiscutible”.

Además, Hilary Clinton, potencial candidata a la Presidencia por el Partido Demócrata, escribió en su cuenta de Twitter: “la ciencia es clara: la Tierra es redonda, el cielo es azul y #las vacunas funcionan. Protejamos a nuestros niños #las abuelas saben lo que está bien”.

Este debate inició debido al brote  de sarampión que se originó en el parque de diversiones de Disneyland en Anaheim, California, entre el 17 y 20 de diciembre durante la estancia de una persona enferma y que por contagio afectó a poco más de 100 personas de 14 estados. La edad de los pacientes oscila entre los 7 meses y 79 años de edad, según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés).

De los 59 casos que se presentaron en California se conoce ya el historial de vacunación de 34 personas, y, de esas,  28 no estaban vacunadas.

Debido a la forma tan rápida en que se extendió la enfermedad durante enero pasado, se ha responsabilizado a aquellos padres de familia que optan por no vacunar a sus hijos y se ha puesto a discusión la creación de políticas más rigurosas que no permitan eximir de vacunas a los niños en Estados Unidos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el sarampión es una enfermedad muy contagiosa y grave, ocasionada por un virus que afecta sobre todo a niños y se transmite por contacto con secreciones respiratorias (al hablar, toser o estornudar) de una persona enferma. El virus puede vivir hasta dos horas sobre superficies contaminadas.

Los síntomas iniciales, como fiebre alta, secreción nasal, conjuntivitis, tos y erupciones en la cara que se van extendiendo, suelen aparecer entre ocho y 12 días después de la infección. Otros síntomas incluyen dolor de cuerpo y manchas blancas pequeñas con centros de color blanco azulado que se encuentran dentro de la boca.

El Departamento de Salud Pública de California confirmó que debido al número de contagios por sarampión, ese estado atraviesa una gran crisis, aunado al número récord de casos que se presentaron en Estados Unidos durante 2014, que alcanzaron la cifra de 644 en 27 estados, según la CDC.

En Estados Unidos, la inmunización de los niños es obligatoria, aunque todos los estados otorgan exenciones por razones médicas para los niños con un sistema inmunológico débil o que son alérgicos a los componentes de las vacunas. En 48 estados existen exenciones por razones religiosas y en cerca de 20 por motivaciones personales de los padres, indicó la cadena británica BBC.

Según la cadena estadunidense CNN, las familias que deciden no inmunizar a sus hijos debido a una filosofía personal argumentan que algunas vacunas están vinculadas con casos de autismo en niños, que tienen demasiados antígenos (sustancia propia o extraña que desencadena la formación de anticuerpos en el sistema inmunológico), porque son enfermedades erradicadas o contienen altas concentraciones de mercurio perjudiciales para la salud.

Este movimiento “antivacunas” tuvo gran auge a finales de los años 90 cuando se publicó un estudio realizado por el doctor británico Andrew Wakefield, en el que se relacionaba a la vacuna tripe viral (sarampión, paperas y rubeola) con el autismo. Tiempo después, varias investigaciones demostraron que lo dicho por Wakefield carecía de fundamento científico.

La revista médica que publicó el estudio, The Lancet, se retractó en 2010 de lo argumentado por Wakefield y las autoridades médicas británicas encontraron al autor culpable de una falta grave; además descubrieron que había aceptado más de 600 mil dólares de un abogado que buscaba demandar a los fabricantes de vacunas, según el  diario estadunidense USA Today.

Más allá de un aspecto político, es cierto que el tema de la vacunación infantil se ha popularizado e incrementado, ya que entre 1991 y 2004 el porcentaje de niños en Estados Unidos que obtuvo exenciones no médicas pasó de 0.98% a 1.49%, según la revista de la Asociación Médica Estadunidense.

Diversos medios señalan que la decisión de no inmunizar se da con más frecuencia en familias que cuentan mayores recursos en estados como California, Nueva York, Washington y Colorado.

Los padres de niños inmunizados alzaron la voz en contra de los llamados antivacunas. Una madre de familia en Oakland, California, aseguró al diario estadunidense The Washingon Post que a pesar de que no vacunar es una decisión personal, como la de elegir una escuela, al hacer esto ponen en riesgo a otros infantes .

Otro periódico, The New York Daily News, se dio a la tarea de hablar con madres de Nueva York quienes están muy asustadas por que sus hijos tengan contacto con niños no vacunados. Incluso algunas de ellas solicitaron a las clínicas privadas que en la sala de espera tengan separados a los niños no vacunados de los que sí lo están y otras han dejado de convivir con amistades o conocidos abiertamente partidarias de la no vacunación.

El Centro Nacional de Información de Vacunas (CNTV, por sus siglas en inglés) es una organización que se encarga de difundir información acerca del tema y su presidente, Barbara Loe Fisher, aseguró a la cadena BBC que “aboga por el consentimiento informado en la práctica de vacunación, considera que es prematuro culpar a los padres que no han inmunizado a sus hijos”.

A pesar de que en este momento esté a discusión el tema de las vacunas en Estados Unidos no es una realidad exclusiva de ese país. En octubre pasado, en Francia una pareja compareció ante un tribunal, acusada de maltratar a sus hijos debido a que se negaron a vacunarlos contra la poliomielitis.

De ser sentenciados, corren el riesgo de pasar dos años en prisión y pagar una multa de 30 mil euros (alrededor de 500 mil pesos), según el diario francés
Le Monde.

El tema en todo caso parece haber encontrado un ambiente propicio para un prolongado debate en Estados Unidos durante los siguientes meses, aunque es posible también que se convierta en uno de esos temas de discusión eterna, como los que ahora sumen en la parálisis al gobierno y la sociedad estadunidenses.

Vacunación desata debate político. Una epidemia de sarampión abrió una discusión sobre si la decisión de vacunar a los niños depende sólo de los padres o debe intervenir el Estado.

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