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Las locuras de Maduro comenzaron (que sepamos) desde que tomó el poder. Las declaraciones de que Chávez se le aparecía en sus sueños para darle instrucciones de cómo gobernar, fueron acompañadas por el delirio de que el infeliz muerto se le aparecía en forma de pajarito que le susurraba al oído.

Entonces instituyó una Fecha Patria para honrar la memoria de Chávez… Perdón, no una, ni dos, ni tres fechas patrias… sino cuatro: El 28 de julio por ser el cumpleaños del comandante; el 8 de agosto, por ser la fecha de su ingreso a la Academia Militar; el 4 de febrero, momento de su golpe de Estado; y el 8 de diciembre, por ser el último día que a Chávez se le vio en público.

Cuando el argentino Jorge Mario Bergoglio fue electo papa, Maduro afirmó casi que Chávez lo había propuesto a Cristo: “Nosotros sabemos que nuestro comandante ascendió hacia esas alturas y está frente a frente a Cristo –dijo Maduro-, alguna cosa influyó para que se convoque a un papa suramericano, alguna mano nueva llegó y Cristo le dijo ‘bueno llegó la hora de América del Sur’.”

Hace poco, Maduro acusó al escritor de telenovelas venezolano, Leonardo Padrón, de ser el causante de la violencia en Venezuela. Cuando la crisis de energía eléctrica habló de que las causantes eran iguanas enredadas en los cables. Cuando expulsó a tres empleados de la Embajada Norteamericana, fue porque “iban a las universidades a ofrecerles visas a los estudiantes”.

“Uno presupone que alguien que está ejerciendo la jefatura del estado debe tener cierta ponderación en lo que articula verbalmente, acompañado de cierta sensatez.

–dijo esta semana Leonardo Padrón al periódico The Hufftinton Post- Uno termina preguntándose si, entre comillas, se eligió a un “Presidente” o a un humorista…”

¿Humorista o chiflado? Si no fuera porque la tragedia que está viviendo Venezuela es demasiado dura, lo de Maduro sería para morirse de risa.

Venezuela arde y Maduro continúa enloqueciendo

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