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La final de la Conferencia Oeste adquirió velocidad crucero hasta su cuarto capítulo. Un partido con mayúsculas y subrayado. Al fin. Los triples como bombas de racimo, los ‘momentum’ en vaivén, sangre sobre el parqué, el aro que escupía los mates, las redes que se bamboleaban. 95-92, vivos salieron los Rockets del tiroteo en Oracle Arena, ante una multitud frenética y un pelotón, liderado por Curry, disputo a prender fuego a los depósitos de petróleo a su retirada. Noche de sucesos en Oakland: primera victoria en excursión a la Bahía de los Rockets, de por vida, en postemporada. La racha de victorias en fila en el propio hogar, arrebatada a los Bulls de Jordan, se detuvo para los Warriors en 16. La final del Oeste, en punto de ebullición ahora, se garantizó un sexto partido, al menos. Y qué bueno. Baloncesto en bacanal.

El partido fue demencial desde su apertura: los Rockets tardaron cinco minutos y 18 segundos en anotar sus primeros puntos del encuentro; su sequía inicial más prolongada del curso. Entre tanto, los Warriors aprovecharon que su rival permanecía en los vestuarios y ensayó a placer desde el punto que les diera la gana. 0-12. Mike D’Antoni cruzó las manos en dos ocasiones. La dejación requería de cirugía de emergencia. Antecedente irónico: ¿último equipo que tardó más de cinco minutos en encontrar las redes en un juego de playoffs? Correcto, los Warriors del récord 73-9, en el sexto encuentro de las catárticas finales de 2016: en el que Curry se deshizo de su protector bucal y en el que LeBron hizo premonición.

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