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Los ojos de Estados Unidos y parte del mundo están este jueves sobre una pequeña sala de audiencias en el Capitolio de Estados Unidos, donde el candidato a la Corte Suprema de Justicia Brett Kavanaugh y Christine Blasey Ford, la mujer que lo ha acusado de agredirla sexualmente cuando los dos eran adolescentes, testifican ante la Comisión Judicial del Senado.

Como tú, y el resto de la nación, estoy mirando lo que ocurre. Hasta el momento, los testimonios han sido emocionantes. Y toda la audiencia, con lo que deben decir Ford y Kavanaugh, valdrá la pena ser vista para obtener una imagen completa.

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Sin embargo, varios momentos y temas se han destacado. Aquí encontrarás una serie de conclusiones que creo vale la pena destacar mientras todos seguimos viendo las audiencias en vivo. Los momentos que resalto están en el mismo orden en que ocurrió la audiencia.

1. Ford es una persona creíble
Esta me llega como la primera pregunta que cualquiera viendo la audiencia podría hacerse. Hasta hace 11 días, nadie afuera de su familia, círculos sociales y redes profesionales sabía quién era Christine Blasey Ford. Ahora, todos la conocemos, pero muy pocos habían visto algo diferente a la imagen en la que ella aparece usando gafas de sol. No habíamos oído su voz, visto sus gestos. Y lo que es más importante: no la habíamos visto contar la historia de la noche de 1982, en la que ella sostiene ocurrió la agresión de Kavanaugh.

A los pocos minutos de la lectura que hizo de su declaración de apertura, quedó claro que Ford era decididamente creíble. La vi como una persona normal empujada una situación imposible. Alguien que hacía lo que cree que es lo correcto. Su voz tembló. Se quedaba sin aliento. Claramente, luchaba contra sus emociones mientras ofrecía un recuento específico y en ocasiones devastador del episodio en el centro de su acusación. Fue empática al hablar de cómo su vida resultó terriblemente sacudida por su decisión de presentar sus denuncia. (Contó que tenía que permanecer en lugares seguros, a veces separada de su familia, y con guardias de seguridad siempre a su alrededor).

Lo que preguntaba a mí mismo con insistencia mientras veía el testimonio (e interrogatorio) de Ford es ¿por qué ella estaría haciendo todo esto si no creyera que lo que dice es verdad? ¿Por qué someterse a todo esto? ¿Cuál sería el motivo para no decir la verdad –como ella lo recuerda–de lo que pasa esa noche a principios de la década de los 1980? Los críticos argumentarían que sus motivos son políticos, pero yo no lo creo. No al ver el testimonio de Ford.

2. La manera de interrogar no es, bueno, excelente

Sabíamos que iba a ser una audiencia algo extraña, debido a que los 11 republicanos de la Comisión Judicial le cedieron a una fiscal llamada Rachel Mitchell su derecho a interrogar a Ford. (Los demócratas no hicieron lo mismo). Pero la realidad ha sido mucho más discordante. Durante cinco minutos, Mitchell revisó meticulosamente la historia que Ford ha contado a través de una variedad de medios. Luego, de repente, Mitchell es interrumpida por el presidente de la Comisión Judicial del Senado, el republicano Chuck Grassley, quien le dice que los cinco minutos asignados terminaron. Después, un senador demócrata toma la palabra y ofrece, al menos en este punto, elogios a la valentía de Ford.

Para un espectador, incluidos los senadores que forman parte de la Comisión Judicial, esto hace que todo el procedimiento sea un poco difícil de seguir. Para los republicanos –quienes estaban claramente preocupados por cómo luciría que 11 hombres hicieran preguntas sobre una mujer que denuncia una agresión sexual– la incomodidad del interrogatorio es algo con lo que están dispuestos a lidiar dada la alternativa.

3. Las interrupciones de Grassley
La razón por la que los republicanos, a la cabeza de Grassley, eligieron traer a la fiscal Mitchell en lugar de interrogar por sí mismos a Ford obedece a que no querían protagonizar titulares este jueves. Pero desde su declaración de apertura, Grassley no lo está haciendo muy bien.

Las palabras de inicio de Grassley sonaron más como un argumento de cierre, que parecía enfocarse casi exclusivamente en lo increíblemente cortés que él había sido al tratar de asegurarse de que Ford tuviera la oportunidad de contar su historia. Tampoco se ayudó a sí mismo cuando interrumpió a la senadora demócrata por California Dianne Feinstein para dejar claro que él tenía planeado presentar el currículo de Ford, incluso cuando Feinstein ya lo estaba haciendo.

En otras múltiples ocasiones, durante las primeras dos horas de la audiencia, Grassley se interpuso repetidamente para aclarar hasta qué punto su comisión se había empeñado en ayudar a Ford a llegar hasta el día de hoy. Yo entiendo el deseo de defender su propio comportamiento y conducta, y el de la mayoría republicana del Senado. Pero para mí sonó fuera de lugar.

4. El desacierto del senador Hatch al referirse a Ford como “atractiva”
Cuando se le preguntó cómo creía que se había desempeñado Ford durante la sesión de la mañana de su testimonio, el senador republicano Orrin Hatch respondió: “No creo que no sea creíble. Creo que es una testigo atractiva y buena”. Y ante la duda de a qué se refería, su réplica fue: “En otras palabras, es agradable”.

En medio del furor casi inmediato provocado por estos comentarios, el director de comunicaciones de Hatch, Matt Whitlock, señaló que “Hatch usa ‘atractivo’ para describir personalidades, no apariencias. Si buscan sus declaraciones pasadas, verán que las ha usado constantemente durante años para hombres y mujeres que él creía que tenían personalidades cautivadoras”.

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Lo cual tomaré al pie de la letra. Hatch es un hombre de 84 años quien ocasionalmente puede usar palabras y frases que no son usuales regularmente en la dicción moderna. Pero aquí está el asunto: el contexto importa. Si eres un senador de Estados Unidos que ha pasado toda una mañana escuchando el testimonio de Ford sobre la presunta agresión sexual que sufrió cuando era adolescente, no puedes usar la palabra “atractivo” o “agradable” para describirla. No puedes hacerlo. Punto final.

5. Los cambios y fallas de Mitchell
Rachel Mitchell, la fiscal independiente contratada por Grassley para hacer las preguntas en nombre de los senadores republicanos, parecía tener dos objetivos en su interrogatorio:

Tratar de encontrar vacíos en la historia de Ford sobre la noche en la que dijo que Kavanaugh la agredió sexualmente.
Tratar de encontrar algún tipo de circunstancia en la que los demócratas le pidieron a Ford que se presentara o que la instruyeran sobre su historia o su testimonio.
Aparte de que Ford reconociera que uno de los dos bufetes de abogados que contrató para representarla fue recomendado por la oficina de Feinstein, Mitchell falló en ambos objetivos.

También hubo un evidente tono acusador en el enfoque de Mitchell para abordar el interrogatorio de Ford. Lo cual tiene sentido. ¡Ella es un fiscal! Pero la decisión de Grassley (y, presumiblemente, los otros republicanos del Senado) de diferir todas sus preguntas a Mitchell aseguró ese resultado.

6. El silencio de los senadores republicanos
Entiendo por qué los republicanos decidieron que no podían arriesgarse a la imagen de 11 hombres interrogando a una mujer sobre sus acusaciones de agresión sexual. Pero el silencio que mantuvieron durante las más de cuatro horas de preguntas a Ford fue impactante. Con la excepción de Grassley, y un puñado de pequeñas interjecciones del senador de Carolina del Sur Lindsey Graham, ningún republicano en el estrado dijo nada.

Lo que, para mí, fue un error. ¿Por qué no dejar que la nación los vea agradeciéndole a Ford por su disposición a testificar? ¿O simpatizar con el trauma que ella experimentó claramente, independientemente de si crees que está diciendo la verdad?

7. La declaración de apertura enojada y emocional que hizo Kavanaugh
Tras la entrevista que Kavanaugh concedió a Fox News esta semana, los informes que salieron de la Casa Blanca sugirieron que el presidente de EE.UU. Donald Trump estaba descontento con lo que él creía que era una actuación rígida y acartonada del candidato a la Corte Suprema.

Kavanaugh tomó claramente esa crítica en serio. Los primeros 10 minutos –o algo más– de de su declaración de apertura transcurrieron en algo muy parecido a un grito. El juez atacó a los senadores demócratas por lo que él insistió era un intento coordinado de manchar su nombre. Y dejó en claro que nunca se retiraría como candidato y desafió a los demócratas a rechazarlo en el cargo.

Su actuación fue una que indudablemente deleitó a Trump. La pregunta es si los republicanos del Senado, primero los de la Comisión Judicial y luego la conferencia más amplia del Partido Republicano, quedaron convencidos la ira de Kavanaugh. ¿Es visto como la justa indignación de un hombre que ha sido acusado erróneamente? ¿O el ataque de un hombre que sabe que está acorralado? ¿O en algún lugar en el medio?

8. Nadie está más indignado que Lindsey Graham
El senador republicano por Carolina del Sur llegó a la audiencia de este jueves bastante enojado y así se mantuvo. A diferencia de los principales republicanos en la comisión, Graham no le cedió su tiempo a la fiscal Mitchell. Por el contrario, lo utilizó para criticar a sus colegas demócratas por lo que llamó “la farsa más antitética que desde que estoy en la política”. Y añadió, esta vez refiriéndose a sus compañeros republicanos, que si “votan ‘no’, están legitimando la cosa más despreciable que he visto en mi tiempo en la política”.