Alfredo Nobel

Hoy quiero, estimada Clara, hablarte de un ilustre caballero y su obra; quien ha dejado grabado su nombre en los anales de la historia con indelebles letras. Todo el mundo conoce por lo menos el apellido de este ilustre personaje que será recordado  con amor y respeto por toda la humanidad. Este famoso ingeniero sueco nació en Estocolmo el 21 de octubre de 1823.
Desde muy niño aprendió directamente de su padre, los fundamentos de la ingeniería; pero, al mudarse toda la familia para Rusia en 1842, continuó estudiando profundamente en un centro educacional en San Petersburgo. La nitroglicerina líquida, substancia altamente detonante, ya había sido descubierta por el físico italiano Ascancio Sobrero. Alfredo viaja en 1850 a Francia y luego también a Estados Unidos tratando de perfeccionar  sus conocimientos tecnológicos. De regreso a Rusia trabaja en la propia fábrica de su padre de productos químicos para uso de la industria en general. Pero, los malos tiempos hicieron que su padre fuera a la quiebra y la fábrica tuvo que cerrar. Entonces, algo desconsolado, regresa a su patria, Suecia, en donde se dedica a la fabricación de explosivos. Un día hay un trágico accidente en su factoría y ocasiona la muerte de su hermano menor llamado Emilio. Alfredo no  se desanima ante este lamentable hecho y sigue luchando con gran denuedo. Poco tiempo después ve coronado sus esfuerzos con el invento de la dinamita y de la gelatina explosiva. Con estos y otros descubrimientos acumuló una gran fortuna. El hubiera preferido que todos estos adelantos físico-químicos se usaran solamente en la industria y bien de la humanidad y no para la guerra. Al morir en 1896 dejó a la “Fundación Nobel” una rica herencia para conceder cinco premios cada año a las personas más destacadas en literatura, paz, medicina, fisiología y física y química. Estos va-   liosos trofeos se adjudican cada año el día 10 de diciembre, aniversario de su muerte. En la próxima CAPSULA, mi muy estimada Clara, explicaremos en qué consisten los “PREMIOS NOBEL’’. ¡Realmente este amigo sueco fue grande entre los más grandes!
FINIS CORONAT OPUS

Alfredo Nobel

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