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El pasado fin de semana, mientras el huracán Dorian devastaba el archipiélago de las Bahamas y amenazaba peinar el sureste de los Estados Unidos, el presidente jugaba golf y atacaba a través de twitter al alcalde de Londres, quién había señalado que nuestro vicepresidente, estando en un viaje relacionado con sus funciones oficiales, se había hospedado con su esposa y la delegación oficial en un hotel de Trump, a tres horas de la sede de la reunión de estado que habría de llevarse a cabo en Dublin, Irlanda. Esto ocurre días después que el presidente Trump hiciera un intento de venta para que la próxima cumbre del G-7 tomara lugar en una de sus propiedades en la Florida. ¡Que bonito, Trompito!

Sin embargo, la sorpresa de la semana no fue esa. Refiriéndose a la magnitud con que el huracán Dorian se estaba desarrollándose, Trump, después de casi haber sugerido que los huracanes se inventaban en Puerto Rico para hacer daño a la nación, expresó en varias ocasiones que él no tenía idea alguna ni conocimientos de lo que era un huracán categoría cinco. Es acerca de eso que quiero hacer un intento de ilustrarlo.

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Señor Trump: un huracán categoría cinco es uno de la magnitud del huracán María, que azotó a Puerto Rico a mediados de septiembre de 2017, siendo usted, si, usted mismo, presidente de los Estados Unidos.

Un huracán categoría cinco es uno donde los afectados como en el caso de María, necesitan ayuda inmediata porque han perdido toda su capacidad energética, no tienen agua, no pueden responder a sus necesidades médicas y de salud. Es un huracán después del cual toda la infraestructura pública y privada tiene que ser reparada o reconstruida con rapidez para evitar pérdidas de vida adicionales. Es una situación donde un verdadero líder tiene que olvidarse de los partidos políticos y los personalismos y ocuparse, no de atacar a los contrarios, sino de unirse a ellos para acelerar la recuperación y minimizar las pérdidas.

Usted debiera conocer bien lo que es un huracán categoría cinco, Mister Trump. Es un huracán donde usted, como presidente de la nación, viajó a Puerto Rico y en vez de viajar a las áreas más afectadas, fue a Guaynabo y le hizo pases de football al pueblo que allí se congregó, tirándole paquetes de papel sanitario al “guipipío”.

Un huracán categoría cinco es el tipo de huracán con relación al cual usted expresa haber enviado noventa y picó de billones de dólares para resolver, cuando la verdad es que solo se han aprobado cuarenta y tres billones en el Congreso, de los cuales Puerto Rico apenas ha recibido catorce.

Un huracán categoría cinco es de tal naturaleza que es prácticamente imposible estimar las pérdidas de vida en la comunidad afectada porque no hay manera de contabilizar ese daño mientras la gente se sigue muriendo a causa de la falta de servicios de electricidad, agua potable y servicios de salud. Murieron cerca de tres mil, Mister Trump y usted hizo esfuerzos y expresiones para negarlo. Quizás por eso no le conviene recordar lo que es un huracán categoría cinco.

Permítame recordarle que Puerto Rico, a pesar de la inacción de su administración, ha atendido las verdaderas necesidades de sus ciudadanos y se levanta sobre los estragos que dejó tras de sí el huracán María, porque somos una isla con un pueblo Categoría Diez.
Finalmente, un huracán categoría cinco es equivalente a la devastación y desatención que usted y su presidencia le han dado a nuestro pueblo y a nuestros aliados, mientras que los vientos de la intervención rusa siguen amenazando con destruir nuestro sistema electoral.