Celia y el hilo de la lujuria

Cada vez son menos frecuente mis salidas como driver. Solo lo hago para pescar historias, aunque en realidad todos somos parte de miles de vivencias que forman parte de nuestro día a día, así que amigos, familia, trabajo y otras siguen siendo canteras para extraerlas.

Una de las razones por las que hago menos Uber es que el país siempre abre oportunidades para mejorar, aunque sea dando pasos pequeños.

Ahora trabajo dando mantenimiento a un templo, pero no religioso sino el mejor templo que puede existir: donde convergen la educación y la niñe: una escuela primaria.

Somos un equipo de seis personas: cuatro cubanos, un dominicano y yo, el venezolano.

Durante nuestra hora de almuerzo, nos gusta compartir experiencias. He aprendido mucho de su cultura y que también que somos víctimas del mismo delincuente: el Castro-comunismo.

Axel es uno de mis compañeros. Es el más callado y reservado de todo el grupo (sí, aunque no lo crean, existen cubanos con esas características).

Un día, entre conversaciones de almuerzo, surgió el tema del primer amor. Luego de que cada uno recordara las primeras letras del cuaderno de su corazón, Axel se animó a hablar de la suya.

Su primera novia se llamaba Celia, vivía con su abuela justamente frente a la casa de mi compañero. Ambos tenían 17 años. Al parecer, la abuela de Celia era una señora de carácter no muy amigable, así que todos sus encuentros debían ser clandestinos.

De esa manera, los besos, las manos entrelazadas y todas las etapas que irremediablemente propician las hormonas los llevaron a donde tenían que llegar.

Axel nos contó que casi todas las noches esperaban que la abuela se fuera a dormir para vivir su romance. A veces, la abuela de Celia no conciliaba el sueño por causa de alguna taza de café y se imponía frente el amor de los jóvenes y los encuentros.

Cuando se dormía la jefa de la casa, mi compañero de trabajo lanzaba piedras a la ventana del cuarto de Celia, ubicada en la parte alta de la casa, pero su amor por Morfeo a veces podía más que el que le tenía a él.

Se molestaban cada vez que la vigilia de la abuela les robaba sus encuentros, fue cuando Celia le propuso a su enamorado una gran idea:

Óyeme, Axel, ¿ y si yo me ato al dedo gordo del pie un hilo que llegue hasta la ventana de abajo? Tú solo lo halas varias veces hasta que me despiertes y yo te abro la puerta”

Con el novedoso, aunque arcaico despertador, los enamorados lograron varias veces que el insomnio de la señora flaqueara y así, para despertar a Celia, Axel tiraba del hilo y aparecía la dueña de sus deseos, presta para convertir la noche y madrugada en un momento mágico.

Una noche, mientras Celia ataba el nudo del hilo de la lujuria, entró su abuela y le preguntó, extrañada, el porqué de su excentricidad. Ella contestó lo primero que se le vino a su mente:

Abuelita, eso dicen que sirve para conciliar el sueño»

La incrédula contestó: “Niña, ¿y eso funcionará?”

Ya casi a media noche, Axel tiró del hilo varias veces. Mientras esperaba que su novia le abriera la puerta, él acomodaba su cabello y chequeaba si su aliento estaba bien.

Al sentir el sonido de la puerta abriéndose, le sorprendió ver a la abuela de Celia con cara de pocos amigos y el hilo en la mano. Axel solo alcanzó a decir:

Buenas noches doñita. ¡Pero si me presta también la aguja se lo agradecería!”

Esa noche, la vida de Axel pendió de un hilo.

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