Chile: hijos de ejecutados en dictadura piden reconocimiento

(AP) — Dos meses antes de que Tamara Lagos naciera, en octubre de 1984, su papá fue asesinado por agentes de la dictadura chilena de Augusto Pinochet.

Al poco tiempo, su madre y ella partieron al exilio en Argentina. Cuando volvieron, cinco años después, Tamara no pudo obtener una partida de nacimiento donde constara el apellido de su padre porque él ya había fallecido y no podía reconocerla como su hija.

A casi tres décadas de la caída del régimen 1973-1990, Chile avanza en el castigo a las violaciones a los derechos humanos, pero persiste en discriminar a quienes nacieron tras la muerte de sus padres, opositores asesinados en operativos represivos del régimen.

Durante la segunda mitad del siglo XX, el Cono Sur de América Latina tuvo diversos dictadores y Chile es uno de los países que aún tiene deudas con su pasado. Tamara y Luciano Aedo son dos de los chilenos conocidos como “hijos póstumos” de la dictadura y ambos han enfrentado a la justicia para que se les legitime como víctimas. La falta de reconocimiento legal del lazo sanguíneo con sus padres no sólo los priva de obtener documentos de identidad correctos, sino que les impide acceder a herencias familiares y a derechos que la ley contempla para resarcir daños a quienes padecieron la opresión.

Aunque sus vidas han sido distintas, las historias de Tamara y Luciano tienen algo en común: ambos perdieron a sus papás en 1984 y conocen lo que es luchar por legitimidad jurídica. Hasta 1998, cuando la legislación se modificó en su favor, lo único a lo que podían aspirar era a ser reconocidos como “hijos ilegítimos” –es decir, nacidos fuera del matrimonio– y por ende carecían de partidas de nacimiento que incluyeran su apellido paterno.

La familia de Tamara logró que se le reconociera como hija ilegítima de Mario Lagos Rodríguez en 1994 y gracias a ello logró cursar una carrera universitaria sin costo y obtuvo una pensión mensual de 40.000 pesos (unos 57 dólares) mientras duraran sus estudios, beneficios destinados a los familiares de víctimas de la dictadura.

En el caso de Luciano, su padre –Luciano Aedo Arias– fue asesinado en el mismo operativo que acabó con Lagos. La muerte ocurrió cinco meses antes del nacimiento, por lo que Luciano también es considerado “hijo ilegítimo”.

La suerte de ambos corrió un rumbo distinto porque en abril Tamara logró algo inédito en la historia de su país: ser la primera chilena reconocida como hija legítima de un opositor asesinado en la dictadura.

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