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(AP) — En una fulminante descripción de Donald Trump, su exabogado personal Michael Cohen se refirió el miércoles al presidente como un racista y un embaucador que utilizó a sus allegados para encubrir las acusaciones sexuales en su contra que podrían perjudicar su carrera política, y que mintió durante toda su campaña presidencial sobre sus intereses empresariales con Rusia.

Cohen, quien ya se había declarado culpable de mentirle al Congreso, dijo a los legisladores que Trump sabía de antemano y acogió las noticias de que durante la campaña se darían a conocer emails que perjudicaban a Hillary Clinton. Pero también señaló que no tiene “evidencia directa” de que Trump o sus asistentes se coludieron con Rusia para lograr su elección, la pregunta principal en la investigación del fiscal especial Robert Mueller.

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Cohen, enfrentándose a las incesantes críticas de los republicanos ansiosos de proyectarlo como un delincuente y mentiroso, se convirtió en el primer allegado de Trump en revelar la manera en que trabaja internamente la operación política y empresarial del presidente. Comparó al mandatario con un “mafioso” que exigía lealtad incondicional de sus subalternos y esperaba que ellos mintieran en su nombre y ocultaran información para protegerlo, incluso si eso significaba violar las leyes.

“Ya no estoy protegiendo al señor Trump”, declaró Cohen.

Su testimonio sobre pagos secretos y mentiras se realizó en momentos en los que Trump se reunía con el líder norcoreano Kim Jong Un. En un hotel de Vietnam e incapaz de sustraerse del drama a miles de kilómetros de distancia, Trump recurrió a Twitter para decir que Cohen “hizo cosas malas que no están relacionadas a Trump” y que “está mintiendo para reducir su tiempo en prisión”.

En un testimonio dirigido al corazón de las investigaciones federales que giran en torno a la Casa Blanca, Cohen dijo que, a nombre de Trump, organizó los pagos para comprar el silencio de distintas mujeres y que mintió al respecto tanto de manera pública como a la primera dama, todo a solicitud de Trump. Acordó decir que el mandatario “no tenía conocimiento” de las transacciones a pesar de que Trump le reembolsó directamente, y señaló que quedó bajo la inequívoca impresión de que Trump quería que él mintiera al Congreso sobre un proyecto de bienes raíces en Moscú, incluso si el presidente nunca le ordenó directamente que lo hiciera.

En una revelación, Cohen dijo que los fiscales de Nueva York investigaban las conversaciones que Trump o sus asesores tuvieron con él después de que el FBI allanara sus oficinas en abril pasado. Cohen dijo que no podía discutir esa conversación, el último contacto que dijo que tuvo con el presidente o cualquier persona actuando en su representación, debido a que sigue bajo investigación.

Su comparecencia representó el paso más reciente en la evolución de Cohen de ser quien solucionaba los problemas legales del presidente —alguna vez declaró que “recibiría una bala” por Trump— hasta convertirse en un rival que implicó al mandatario en violaciones federales a las leyes de financiamiento de campaña.

La audiencia tuvo caminos paralelos: por un lado, los demócratas se enfocaron en las acusaciones en contra de Trump, mientras que los republicanos buscaban socavar la credibilidad de Cohen y del procedimiento en general.

Mientras los republicanos lo tachaban de ser un mentiroso convicto, Cohen _quien permaneció impávido_ buscó soportar los embates al reconocer repetidamente sus errores. Se describió a sí mismo como un “tonto” y advirtió a los legisladores de los peligros de la lealtad incondicional hacia un líder que no la merece, además de decir que se siente avergonzado de lo que hizo para proteger a Trump.

“Uno puede cometer errores en la vida y yo los acepto y me responsabilizo de ellos, y estoy pagando un elevado precio, al igual que mi familia”, dijo Cohen durante su testimonio, que se prolongó durante casi siete horas.

Cohen se reportará pronto a prisión para empezar a cumplir su sentencia de tres años. Al mismo tiempo, es percibido como un testigo crucial para los fiscales federales debido a su cercanía con el presidente durante momentos clave de la investigación, así como a su relación profesional de una década.

Cohen, el primero de seis asesores de Trump acusados en la investigación Trump-Rusia que testifica públicamente sobre los delitos que cometió durante la campaña de 2016 y los meses posteriores, también expresó un agudo comentario personal sobre un presidente que, en primer lugar, nunca esperó ganar las elecciones.

Recordó como Trump le obligó a amenazar a las escuelas que asistió para que no difundieran sus calificaciones ni las puntuaciones de su examen de admisión, se jactaba de cómo evitó ir a la Guerra de Vietnam y se refería a los negros como “demasiado estúpidos” como para votar por él.

“Nunca esperó ganar las primarias. Nunca esperó ganar la elección general”, comentó Cohen. “Para él, la campaña siempre fue una oportunidad publicitaria”.

Cohen relató a los legisladores cómo se organizó para comprar el silencio de una actriz porno y de una modelo de Playboy que aseguran haber tenido relaciones sexuales con Trump. Describió una conversación que tuvo con Trump en febrero de 2017 en la Oficina Oval, donde el presidente le aseguró que le haría llegar cheques de reembolso por Federal Express pero que tomaría tiempo pasar por el sistema de la Casa Blanca.

Dijo que el presidente lo llamó un año después para discutir los mensajes públicos en torno a los pagos, y que incluso una vez tuvo que poner a su esposa, Melania, al teléfono para que pudiera negar conocimiento de la situación.

“Mentirle a la primera dama es de las cosas de las que más me arrepiento”, dijo Cohen. “Es una persona buena y amable. Le tengo mucho respeto y no se merecía eso”.