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BOGOTÁ, Colombia (AP) — Las puertas de metal de una jaula del tamaño de una caja de zapatos se abren y un ave anillada con el número 811 se lanza hacia un gran aviario. El pájaro, del tamaño de la palma de una mano, hace una pirueta en el aire, aterriza en una rama de sauce y gira curioso la cabeza de color azafrán, como si estuviera sorprendido por su buena suerte.

“Así se siente estar libre”, dijo Juan Camilo Panqueba, veterinario en el centro de cuarentena en la capital de Colombia, en los Andes, lejos del hábitat natural del canario en la húmeda costa caribeña.

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El momento de liberación contrasta con las penosas condiciones en las que se encontró al pájaro. Hace tres semanas, la policía de la capital confiscó 32 canarios en una redada sorpresa en un recinto de peleas de gallos, donde se celebraba un concurso de pájaros cantores anunciado en medios sociales como “Furia de titanes” con altas apuestas y alcohol.

Aunque los duelos de canto son un pasatiempo en el Caribe desde hace siglos, atrapar animales sin licencia _incluso especies como estos canarios Sicalis flaveola, conocidos como costeños o criollos y que no están amenazados_ es un delito en Colombia, aunque uno que las autoridades ignoraban en un país abrumado por cárteles de la droga, guerrillas izquierdistas y otros grupos armados.

Hasta ahora.

Aprovechando un descenso en el nivel de violencia y animadas por una mayor concienciación sobre la importancia de Colombia como el país con la segunda mayor biodiversidad del mundo, las autoridades están persiguiendo el tráfico de animales como nunca antes. La policía confiscó el año pasado más de 34.600 animales salvajes capturados de forma ilegal, un aumento del 44% respecto a 2017. Muchos fueron detectados por un equipo de 16 perros entrenados para oler plumas y piel en aeropuertos y estaciones de autobuses.

“El hecho que sea una práctica tradicional no quiere decir que sea lícita”, dijo la mayor Paula Ortiz, que lidera una unidad de 500 policías contra los delitos medioambientales.

La fiscalía también es más agresiva a la hora de perseguir las redes criminales que se lucran con el comercio ilegal, y cuyos beneficios se ven superados solo por el contrabando de drogas y armas, según policías. En todo el mundo, el tráfico de especies silvestres supone más de 10.000 millones de dólares, según la Oficina de la Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

La campaña de las fuerzas de seguridad coincide con un debate con los derechos de los animales salvajes, en Colombia y en todo el mundo. La Corte Constitucional de Colombia celebró una vista este mes dentro de un largo juicio sobre el destino de un oso de anteojos _una especie amenazada_ llamado Chucho. Hace años que el oso fue capturado en una reserva natural y encerrado en un zoo en Barranquilla. Un abogado que dice actuar en representación del animal presentó una demanda y consiguió una orden para liberar a Chucho. Si la Corte Constitucional respalda esa decisión de otro tribunal, sería la primera vez que se reconoce el habeas corpus de un animal en Colombia, de forma similar al que disfrutan los seres humanos.