El Debate o… la Debacle

En nuestra democracia el hecho de que que se lleve a cabo un debate digno e informativo entre los candidatos a la presidencia de la nación es materia de gran importancia.

El propósito principal de dicho intercambio de ideas y compromisos de futuro contribuye, o debiera contribuir, a que nosotros los electores tengamos a la mano los criterios que necesitamos para ejercer nuestro voto en favor de aquel candidato que mejor representa nuestros principios e ideales. Son esos principios e ideales los que han forjado doscientos y pico de años de historia democrática en nuestro país.

El pasado martes, el presidente Donald Trump, faltando a todos las reglas pre-acordadas por su campaña para mantener el orden y el decoro en el debate, se dedicó a crear el caos interrumpiendo constantemente los turnos de comparecencia de su oponente, Joe Biden, además de desatar un caudal de mentiras, insultos y distorsiones contra Biden.

Este estilo de acoso (bullying) es típico de Trump y lo utilizó exitosamente durante su campaña primaria en el 2015 y luego durante su enfrentamiento con Hillary Clinton en la campaña presidencial de 2016. En ambas ocasiones le funcionó el estilo, pero a la altura del 2020, después de tres años y medio durante los cuales su función presidencial y nuestra posición en el mundo libre, se ha visto afectada por esos estilos de acoso contra todos incluyendo a nuestros países aliados, ya el estilo ha venido perdiendo efectividad, eficiencia y novedad. ¡El bullying de Trump ya MOLESTA!

Hay que añadir a esto que Joe Biden es un candidato con mucha más empatía y aceptación por parte del electorado, que Doña Hillary Clinton.

Las constantes interrupciones por parte de Trump no pudieron desviar la atención general de, por lo menos, tres asuntos fundamentales que estamos enfrentando sin lugar a dudas en este momento histórico, de cara a esta elección:

– Sobre seis millones de conciudadanos nuestros están contagiados por el COVID-19 y más de doscientos mil norteamericanos han muerto a causa de la enfermedad. Existe harta evidencia de que la administración de este presidente, teniendo información más que suficiente para manejar esta crisis de salud adecuadamente, se quedó “dormida en las pajas” mientras todo empeoraba y se le iba saliendo de las manos.

-Trump tampoco estuvo dispuesto a reconocer la existencia del “racismo sistémico” en nuestro aparato gubernamental, nuestro sistema de ley y orden y en nuestra convivencia diaria. Al no reconocer que este mal existe, el presidente pierde completamente la capacidad de manejo de este mal social que amenaza contra las vidas y el bienestar de nuestras minorías, incluyendo a los hispanos.

– Finalmente, Trump se negó a condenar el “supremacismo blanco”, cuyos efectos se reflejan en múltiples episodios de terrorismo doméstico según ha sido descrito por el director del FBI (nombrado por Trump) en sus comparecencias ante el Congreso.

Don Benito Juárez nos dijo: “El respeto al derecho ajeno es la Paz” Nuestra nación necesita paz y Donald Trump tiene que empezar a averiguar quién era Don Benito Juárez.

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