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En sus últimas horas en Kenya, el papa Francisco visitó un barrio marginal, se reunió con jóvenes, y volvió a hablar sobre el terrorismo, la corrupción y el tribalismo en esa región.

Dirigiéndose a decenas de miles de jóvenes en el gran estadio de Kasarani, en Nairobi, el Papa exclamó: “Los invito a todos ustedes a agarrarse de la mano contra el tribalismo y a decir: «¡Somos una nación!»”.

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La lucha contra el tribalismo, dijo, se lleva adelante “con la oreja, el corazón y las manos”. “Superar el tribalismo es una tarea diaria”, incidió.

Consultado por un joven que le pidió consejo para acabar con la corrupción -“A diario tenemos que pagar una cantidad añadida para conseguir cualquier cosa, incluso en el colegio o en la universidad”, le dijo-, el pontífice argentino destacó que la corrupción que gangrena Kenya y muchos países africanos “es un camino que no conduce a la vida, sino a la muerte”.

“Es como el azúcar, es dulce, gusta, es fácil, pero te come por dentro. Y al final (…) ustedes o su país acaban diabéticos”, explicó Francisco, haciendo ver que la corrupción existe en todas las instituciones y “también en el Vaticano”.

“Cada vez que aceptan y meten un soborno en sus bolsillos, están destruyendo su corazón y su personalidad, y destruyen su país. Por favor, no desarrollen el gusto por ese azúcar llamada corrupción”, dijo a los jóvenes.

Terrorismo
Frente a los jóvenes, el principal blanco de las campañas de reclutamiento de los grupos jihadistas que tienen al mundo en alerta, Francisco instó a las autoridades a garantizarles educación y trabajo para evitar que se dejen “seducir” por los grupos violentos, en una nueva alusión al terrorismo.

“Lo primero que tenemos que hacer es averiguar por qué un joven lleno de ilusiones se deja reclutar y se aparta de la vida, porque aprende a matar”, reflexionó el Papa.

“Si un joven no puede estudiar ni trabajar, ¿qué puede hacer?: delinquir, caer en las dependencias, suicidarse o enrolarse, engañado o seducido, en una actividad que le demuestra un fin en la vida”, señaló.

Las autoridades deben evitarlo proporcionando educación y trabajo, “porque sin esto no hay futuro”, reiteró.

A Uganda
El encuentro en el estadio deportivo fue una manifestación más de la festiva y colorida cultura africana: bailes, cánticos y rezos colectivos que sirvieron como último contacto al Papa con la población kenyata antes de partir a las 15.30 (9.30 en la Argentina) hacia Uganda, segunda etapa del primer viaje que emprende a este continente.

El pontífice recibió este baño de masas poco después del acto más modesto de toda su agenda en Nairobi, la visita al barrio marginal de Kangemi, donde compartió unos momentos con ciudadanos excluidos que tienen “un lugar preferencial” en su vida, como él mismo admitió.

El pontífice argentino se dirigió a los creyentes en una iglesia de madera en el barrio de Kangemi, en el que viven unas 100.000 personas. Más de la mitad de los tres millones de habitantes de Nairobi vive en barrios marginales.

Francisco criticó la “injusta distribución de la tierra (…) los alquileres injustos por casas en mal estado” y la falta de infraestructura básica, como el abastecimiento de agua. Ese tipo de situaciones son “una consecuencia de nuevas formas de colonialismo” y de una “cultura del despilfarro”, advirtió.

Además alabó los valores de la “resistencia” y la “solidaridad” en los barrios pobres, que la “sociedad opulenta, anestesiada por un consumo desenfrenado parece haber olvidado”.

Los pobres “tienen un lugar especial en mi vida y en mis decisiones”, aseguró el líder de la Iglesia católica.

Agencias AFP, EFE y DPA

El papa Francisco en Kenya