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Tras unos 60 minutos de revelaciones absolutamente deslumbrantes, el martes por la tarde, es posible que hayas estado tentado a preguntarte si el presidente Donald Trump estaba en un verdadero peligro legal.

Después de todo, su exabogado personal, Michael Cohen, testificó -como parte de un acuerdo de culpabilidad en la ciudad de Nueva York- que el entonces candidato Trump había “dirigido” y “coordinado” sus esfuerzos para ocultar unos pagos en el periodo previo a las elecciones de 2016 a dos mujeres: la actriz porno, Stormy Daniels, y la exmodelo de Playboy, Karen McDougal, en un esfuerzo por mantener sus versiones de relaciones extramatrimoniales fuera de la prensa. (En el caso de Daniels, se realizó un pago de 130.000 dólares, que Trump luego reembolsó a Cohen, de acuerdo con su abogado).

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Eso es una violación de las leyes de financiamiento de campaña, uno de los ocho cargos por los que Cohen se declaró culpable el martes. Y, si Cohen admitió que violó la ley y testificó que lo hizo bajo la dirección del presidente, entonces, ¿no está Trump en un problema profundo?

Probablemente no. Y la razón es que la oficina del fiscal especial, Robert Mueller, aparentemente ha dicho al equipo legal del presidente que cumplirán con las reglamentaciones del Departamento de Justicia que estipulan que un presidente en funciones no puede ser acusado. “Todo lo que tienen que hacer es escribir un informe”, dijo el abogado de Trump, Rudy Giuliani, a Dana Bash de CNN en mayo. “No pueden acusar. Al menos nos lo reconocieron después de algunas batallas, nos lo reconocieron”.

El martes por la noche, una fuente cercana a la Casa Blanca le dijo a John Roberts de Fox News: “Recuerde, el presidente no puede ser acusado”.