Advertisement

NUEVA YORK.- Fue como el cierre final de una herida abierta hace 13 años: el One World Trade Center (OWTC) de Nueva York, el edificio más alto de Estados Unidos, abrió ayer las puertas a sus primeros inquilinos, empleados del grupo editorial Condé Nast, en un simbólico momento para la zona que sufrió los atentados terroristas del 11 de Septiembre.

Unas 175 personas con cargos directivos en la editorial que publica revistas como The New Yorker y Vanity Fair comenzaron a entrar desde temprano por la puerta del edificio, un rascacielos que costó 3900 millones de dólares, ubicado sobre Vessey Street, a metros del Memorial y Museo erigido donde se levantaban las Torres Gemelas, derrumbadas en los ataques que dejaron cerca de 3000 muertos.

Advertisemen

“Algunos están nerviosos, otros están entusiasmados de mudarse al sur de la ciudad y empezar una transformación de la compañía, ayudar a revitalizar esta parte de Manhattan”, dijo John Duffy, director de políticas y control de Condé Nast, al llegar a las oficinas.

Duffy, que trabajó en el viejo World Trade Center en los años 80, explicó que el nerviosismo se debía a que algunas personas “van a sentir que podrían ser potenciales objetivos nuevamente”.

Un temor que Patrick Foye, director ejecutivo de la autoridad portuaria de Nueva York y Nueva Jersey, propietaria del terreno y el edificio, no dejó trascender cuando describió la imponente estructura como “el edificio de oficinas más seguro de América”.

“El paisaje de Nueva York vuelve a estar completo”, afirmó Foye, y señaló que el rascacielos “marca nuevos estándares de diseño, construcción, prestigio y sustentabilidad; su apertura es un gran hito en la transformación del Bajo Manhattan en un floreciente barrio abierto las 24 horas”.

El OWTC, de 541 metros y 104 pisos, fue diseñado por el arquitecto David Childs y ya se convirtió en un punto de referencia de la Gran Manzana, con sus líneas simples, su espigada aguja y sus ventanales de vidrios espejados que brillan con el sol hasta enceguecer.

Para Chris Mitchel, editor de Vanity Fair, “es un gran día para Nueva York y un gran día para Condé Nast. Se trata de una increíble experiencia para la compañía”, dijo.

Además de Condé Nast, entre los locatarios están China Center, un núcleo comercial y cultural; el gestor de estadios Legends Hospitality Group; el grupo de inversión BMB; el proveedor de oficinas ejecutivas Servcorp, y la Administración de Servicios Generales de Estados Unidos, una agencia independiente del gobierno para controlar y apoyar el funcionamiento de organismos federales.

El edificio está alquilado en un 60%, con otros 7400 metros cuadrados para la firma de publicidad Kids Creative. La Administración de Servicios Generales reservó 83.820 metros cuadrados y el China Center, otros 58.216.

“Tenemos unas 175 personas mudándose hoy [por ayer]. Condé Nast tendrá en total 3400 empleados aquí en enero entre los pisos 20 y 44”, afirmó Jordan Barowitz, director de asuntos externos de The Durst Organization.

El público podrá subir a un observatorio instalado entre los pisos 100 y 102, que debería ser inaugurado en la primavera boreal de 2015.

El nuevo OWTC incluye cinco torres, el Memorial y Museo (abierto en mayo pasado), un centro de transportes público, unos 550.000 metros cuadrados de espacio para comercios minoristas y un centro para presentaciones artísticas.

Durante años, el siniestro agujero donde se hallaron más restos humanos fue descrito como la “zona cero” del atentado. Ahora, el pináculo iluminado del OWTC sirve como faro a los aviones que vuelan sobre la ciudad. La vista desde el tejado abierto se extiende desde Manhattan hasta la Estatua de la Libertad, alcanzando Nueva Jersey, Connecticut y el océano Atlántico.

El edificio se concluyó en ocho años, tras años de disputas financieras, políticas y legales que amenazaron con descarrilar el proyecto.