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En Brasil se siente y se vive el fútbol como en pocos lugares del mundo. Ese deporte nos ha dado tantas alegrías en momentos difíciles y, como los brasileños solemos decir, somos el país del fútbol. Hoy, la madrugada nos reservó una trampa. Hoy, nos despertamos viviendo la peor tragedia del deporte brasileño: El avión que transportaba el equipo de fútbol de Chapecoense se había estrellado rumbo a la ciudad de Medellín, donde disputarían la final de la Copa Sudamericana. Su primera final internacional en la historia.

La rivalidad en el fùtbol en Brasil es grandísima. Aquí, desgraciadamente, se matan por su equipo literalmente. Los grandes clásicos se dan a nivel regional, Fla-Flu (Flamengo y Fluminense ambos de Río), Gre-Nal (Gremio e Internacional de Porto Alegre), Ba-Vi (Bahía y Vitória de Salvador) o Rapo-Galo (Cruzeiro y Atlético Mineiro de Belo Horizonte) son ejemplos de ello. Pero cuando un equipo, que no es su rival y, sobre todo, que no tiene una nómina millonaria, empieza a destacarse, hay una cierta unión entre los brasileños para echarle porra y celebrar con ellos.

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Eso estaba pasando con el equipo de Chapecó, del Estado de Santa Catarina, sur de Brasil. Estado que no tiene mucha tradición en el fútbol, sin títulos de gran expresión, pero que en los últimos años siempre mandaba más de un representante a la primera división del fútbol brasileño. Chapecoense, en especial, estaba en los titulares en los últimos meses. Un equipo joven, con un ejemplo de administración, que hace 5 años estaba en la serie D (la cuarta división del fútbol brasileño) y actualmente es finalista de un campeonato continental y hace una campaña digna en el campeonato nacional.

A los brasileños todavía no nos cae el 20. Simplemente no lo podemos creer. A pesar del susto, nutríamos gran esperanza con las noticias de los primeros sobrevivientes. Las esperanzas que fueron acabando poco a poco con las informaciones que iban llegando, hasta la constatación del número de muertos. La emoción al encontrar vivo el defensa Neto se mezcló a la tristeza con la muerte del portero Danilo, quien no resistió.

Entre los amigos periodistas que acompañaban las noticias en la madrugada, no había mucho que hablar. Vivimos también la peor tragedia envolviendo periodistas en Brasil, 22 de varios medios acompañaban el equipo. En las calles, no daban “buenos días”, se miraba y se sentía el peso del impacto en las personas. En los programas de televisión, los grandes periodistas deportivos de Brasil no contenían la emoción. En los programas de radio se escuchaban las voces tomadas por la emoción. Imposible no acordarse de la cobertura periodística de la muerte de Ayrton Senna, ídolo nacional.

El país está de luto nacional por 3 días. La final de la Copa de Brasil que se disputaría mañana se suspendió para el día 7 de diciembre, la última vuelta del Campeonato Brasileño del fin de semana también fue suspendida para el día 11. Todos los equipos de fútbol de Brasil pusieron en sus redes sociales el escudo de Chapecoense. Los familiares y aficionados están reunidos en el Estadio Arena Condá, en Chapecó, donde rezan, lloran y buscan entender lo que pasó.

Brasil pasa por un período turbulento, principalmente en el ámbito político. Estamos, hoy, más divididos que nunca en nuestra historia. Hay una corriente de ataques en las redes sociales entre los que defienden una opinión u otra. Sin embargo, hoy esa tragedia nos unió, hoy, en Brasil, #somostodosChapecoense. El equipo de Nacional de Medellín que disputaría la final con Chapecoense, pidió que el título fuera dado al equipo de Chapecó. Gran ejemplo del equipo colombiano, no sé si es posible que se haga eso, sin embargo, para nosotros, el título de la Sudamericana de 2016 ya está con Chapecoense. Los atletas murieron con la ilusión de está en el auge de su carrera, los dirigentes del club partieron con la idea de estar entrando para la historia, los periodistas se fueron cumpliendo su trabajo… son todos campeones.

Con la gran tragedia, viene a la luz las tragedias particulares. Conocemos la historia de las víctimas. Padres que dejan hijos, uno de 2 meses, maridos que dejan sus mujeres embarazadas, un padre que perdió su segundo hijo, familias que se quedan incompletas y muchas otras historias. Hoy definitivamente es un día triste, el país del fútbol, del carnaval y de la alegría hoy llora. Nos unimos en la campaña para que la caminata de Chapecoense no se acabe aquí. Nos cuestionamos por qué no entró la pelota de San Lorenzo en los minutos finales en partido de la semifinal. Pero como no existe el “hubiera”, estamos viviendo nuestro duelo. Hoy somos solo emoción, hoy solo tenemos ganas de abrazarnos.

En Brasil, #SomosTodosChape