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“¿Tienes miedo?” Esta pregunta se la he hecho muchas veces a personas gravemente enfermas. Casi siempre me responden que no. Esa palabrita de sus bocas no solamente es la profesión de fe más bella del moribundo, sino que sirve de consuelo maravilloso para sus seres queridos.
El enfoque de las lecturas en estos últimos domingos del año litúrgico (el cual termina en dos semanas, el sábado siguiente a Cristo Rey, ya que el 1º de diciembre comienza un nuevo año litúrgico con el Primer Domingo de Adviento) está en el fin de los tiempos. En el Evangelio que escucharemos el domingo (Lucas 21, 5-19), Jesús anuncia momentos de difíciles antes al fin del mundo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles”.
¿Estas palabras nos deberían de asustar? ¡No! Jesús anuncia también que vendrán las persecuciones, pero él lo que quiere es que estemos siempre preparados, que vivamos preparados. Aclara: “Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”. Él insiste en no preocuparnos, como muchos han tratado de hacer en los últimos 2,000 años, de saber el momento en el cual ocurrirá el fin del mundo: “Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”. Sin temor alguno, debemos confiar en Jesús y vivir siempre preparados para el fin, ya sea del mundo ya sea nuestro propio fin.
Por lo tanto, si queremos responder con fe, en estos último días del Año de la Fe, cuando se nos pregunte, “¿Tienes miedo?”, nos hace falta considerar precisamente si estamos bien preparados para el fin. Debería ser nuestro propósito todas las noches, al prepararnos para ir a dormir, examinar nuestra conducta durante el día, pedirle perdón a Dios por nuestras faltas y darle gracias por las bendiciones recibidas. Cuando reconocemos pecados graves y con frecuencia de todos modos, nos deberíamos de confesar, para recibir el perdón de Dios y la gracia para seguir caminando hacia El con más confianza. Como dice el dicho, “¡que Dios me lleve confesado!” Y debemos todos los días pedir poder ser más fieles al dar testimonio de Jesús con nuestras vidas.
También es importante para prepararnos para la venida del Señor anticipara esa venida de la manera más perfecta y más bella. Cada vez que participamos en la Eucaristía, Jesús retorna a estar con nosotros. Por lo tanto, lo que dice el profeta Malaquías (3, 19-20) que sucederá al fin de los tiempos ya sucede para nosotros: “El día que viene los consumirá, dice el Señor de los ejércitos, hasta no dejarles ni raíz ni rama. Pero para ustedes, los que temen al Señor, brillará el sol de justicia, que les traerá la salvación en sus rayos”. Reunidos en la Misa, experimentamos, de una manera implícita y sacramental, esta venida del día que viene, un día de terror para algunos, pero de salvación para nosotros.
Todas las noches, una de las últimas oraciones de aquellos que rezan la Liturgia de las Horas, conocida también como el Oficio Divino, es la oración del anciano Simeón en el templo, cuando el Niño Jesús es puesto en sus brazos. Lleno de confianza de que Dios le ha cumplido la promesa que le había hecho, de no morir sin ver al Salvador, proclamó: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”.
Yo rezo esta oración todas las noches. Espero haberla dicho con plena intención la noche antes de morir. De hecho, podamos todos vivir tan preparados para la venida del Señor, ya sea para buscarnos a cada uno individualmente o en su retorno al fin de los tiempos, que nunca tengamos miedo. Pueda ser nuestra confianza delante de la muerte nuestra más perfecta profesión de fe.

Pasaje sugerido de la Palabra de Dios – Lucas 21, 19: “Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”.

Esperar la venida del Señor sin miedo

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