Florida se alista para viento e inundaciones

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Trabajadores de Specialized Performance Delivered 24:7 tapian las ventanas del histórico museo Henry B. Plant en el campus de la Universidad de Tampa, el martes 27 de septiembre de 2022, en Tampa, Florida, previo a la llegada del huracán Ian. (AP Foto/Chris O'Meara)

(AP) — El huracán Ian azotó el martes el oeste de Cuba como un poderoso ciclón de categoría 3 que dejó sin electricidad a todo el país —con 11 millones de habitantes— para luego enfilarse hacia Florida sobre las cálidas aguas del Golfo de México, en medio de pronósticos de que podría convertirse en una catastrófica tormenta de categoría 4.

Ian tocó tierra en la provincia cubana de Pinar del Río, donde las autoridades habilitaron 55 refugios, evacuaron a 50.000 personas y tomaron medidas para proteger los cultivos en la principal región productora de tabaco del país. El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC por sus siglas en inglés) dijo que Cuba sufrió “secuelas considerables por los vientos y marejadas ciclónicas” cuando el huracán azotó la isla con vientos máximos sostenidos de 205 kilómetros por hora (125 millas por hora).

Se pronostica que Ian adquirirá más fuerza sobre el Golfo de México y que alcanzará vientos máximos de 209 km/h (130 mph) a medida que se acerque a la costa suroeste de Florida, donde se ordenó a 2,5 millones de personas desalojar sus viviendas.

Se prevé que los vientos con fuerza de tormenta tropical empiecen a llegar al sur de la península el martes por la noche, seguidos por vientos huracanados el miércoles, cuando el ojo habrá de tocar tierra firme. Debido a que los vientos con fuerza de tormenta tropical se extienden por 225 kilómetros (140 millas) desde el centro de Ian, se prevén daños en una amplia zona de Florida.

De momento no estaba claro dónde exactamente tocará tierra Ian. Su trayectoria exacta podría determinar la gravedad de la marejada en Tampa Bay, dijo Brian McNoldy, investigador de huracanes de la Universidad de Miami. Si Ian toca tierra en el sur de la bahía, sus efectos podrían ser “mucho menos graves”, señaló McNoldy.

Gil González tapió sus ventanas con madera contrachapada el martes y tenía listos sacos de arena para proteger su hogar en Tampa. Él y su esposa se habían abastecido de agua embotellada y empacado linternas, paquetes de baterías para sus teléfonos y una estufa portátil antes de desalojar su casa.

“Todas las posesiones preciadas las hemos puesto arriba en la casa de un amigo y en las cercanías, y tenemos el auto repleto”, dijo González a su salida.