Futuro de Twitter entre el muladar y el civismo

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El logo de Twitter proyectado en la fachada de un edificio que alberga oficinas de la compañía, el miércoles 26 de octubre de 2022, en Nueva York. (AP Foto/Mary Altaffer, Archivo)

El discurso en Twitter nunca ha sido precisamente cortés. Las voces más estruendosas a menudo opacan a las posturas más flexibles y moderadas. Después de todo, es mucho más sencillo lanzar un tuit lleno de ira contra un supuesto enemigo que buscar puntos en común, ya sea que se hable sobre niños transgénero o sobre béisbol.

En el caos que ha envuelto a Twitter —tanto a la plataforma como a la compañía— desde que Elon Musk tomó las riendas de la red social, se ha vuelto más claro que esto no va a cambiar en el futuro cercano. De hecho, es más probable que empeore antes de que mejore… si es que llega a mejorar.

Musk, y su equipo de leales de la industria tecnológica, llegó a Twitter hace poco más de una semana listo para destruir el nido del pajarito azul y reconstruirlo con su propia versión a una velocidad vertiginosa. No tardó en despedir a los principales ejecutivos y a la junta de directores, se instaló como el único director de la compañía (por el momento) y se autodenominó primero como “Jefe de Twitter” y luego como “Operador de la Línea de Quejas de Twitter”.

El viernes dio inicio a los despidos masivos en la compañía con sede en San Francisco, echando vía email a cerca de la mitad de los trabajadores para colocar a la empresa a niveles de personal que no había registrado desde 2014.

En tanto, los tuits de Musk siguen siendo una combinación de memes burdos, bromas a medias, lanzamientos de cohetes de SpaceX y posibles planes para Twitter que parece consultar con sus usuarios en tiempo real. Por ejemplo, después de presentar la idea de cobrar 20 dólares mensuales a los usuarios por la marca azul de verificación y algunas funciones adicionales, rápidamente pareció dar marcha atrás durante un intercambio de tuits con el escritor Stephen King, quien publicó: “Si eso pasa, yo desaparezco como Enron”.

“¡De alguna manera necesitamos pagar las cuentas! Twitter no puede depender en su totalidad de los anunciantes. ¿Qué tal 8 dólares?”, respondió Musk.

El sábado, la compañía anunció un servicio de suscripción por 7,99 dólares mensuales que le permitiría a cualquier usuario contar con la marca de verificación “al igual que las celebridades, las compañías y los políticos a los que ya sigues”, así como algunas funciones premium —que aún no están disponibles—, como dar preferencia a tuits de las cuentas verificadas. De momento se desconoce cuándo estará disponible la verificación por pago. La medida reemplaza a lo que había sido considerada como una función de seguridad cuyo objetivo era desalentar la presencia de cuentas falsas.

El multimillonario director general de Tesla ha tenido repetidas interacciones con importantes miembros de la derecha que piden menos restricciones al odio y la desinformación. Fue felicitado por Dimitry Medvedev, un prominente allegado del presidente ruso Vladimir Putin, y tuiteó — y posteriormente eliminó — una infundada teoría conspirativa sobre el esposo de la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos Nancy Pelosi, quien fue atacado en su casa.

Más de una treintena de organizaciones activistas escribieron una carta abierta dirigida a los 20 principales anunciantes de Twitter, en la que les pidieron que se comprometieran a suspender sus campañas publicitarias en la plataforma si Musk socava la “seguridad de las marcas” y modera el contenido de forma visceral.

“Los extremistas no sólo celebran la adquisición de Twitter por parte de Musk, lo ven como una nueva oportunidad para publicar imágenes y mensajes más abusivos, acosadores y racistas. Esto incluye claras amenazas de violencia en contra de personas con las que no están de acuerdo”, señala la misiva.

Una de las primeras acciones de Musk fue despedir a la mujer responsable de confianza y seguridad en la plataforma, Vijaya Gadde. Pero ha retenido a Yoel Roth, director de seguridad e integridad, y ha tomado medidas para convencer a usuarios y anunciantes de que la plataforma no se convertirá en un “infierno anárquico”, como muchos temen.

Musk tuiteó el viernes que “el firme compromiso de Twitter con la moderación de contenidos no ha cambiado en lo absoluto. De hecho, hemos visto que el discurso de odio ha caído esta semana por debajo de las normas previas, a diferencia de lo que podrían haber leído en la prensa”. Aun así, un número cada vez más grande de anunciantes ha suspendido sus campañas en Twitter en lo que revalúan cómo es que los cambios implementados por Musk pudieran aumentar la presencia de material cuestionable en la plataforma.

El empresario también se reunió con algunos líderes de derechos civiles para discutir “sobre cómo Twitter seguirá combatiendo el odio y el acoso, y ejercerá políticas de integridad electoral”, según un tuit del 1 de noviembre que él envió.

Pero representantes de la comunidad LGBTQ brillaron por su ausencia de la reunión, a pesar de que los miembros de esta comunidad son mucho más propensos a ser víctimas de crímenes violentos en comparación con el resto de la población. Twitter no respondió a un mensaje en busca de comentarios sobre si Musk tiene planeado reunirse con grupos LGBTQ.

El volátil multimillonario ha dicho que no tomará grandes decisiones sobre el contenido o la reinstauración de cuentas suspendidas —como la del expresidente Donald Trump— hasta que forme un “consejo de moderación de contenidos” con puntos de vista diversos. El consejo, añadió posteriormente, incluirá a grupos por los derechos civiles y otros que enfrentan violencia impulsada por el odio”. Pero los expertos han resaltado que Twitter ya cuenta con un consejo asesor de confianza y seguridad para atender temas de moderación.

“En verdad no puedo imaginarme cómo sería distinto”, señaló Danielle Citron, profesora de derecho en la Universidad de Virginia que es parte del consejo y ha trabajado con Twitter desde los primeros años de la plataforma en 2009 para atender temas como las amenazas y el acoso. “Nuestro consejo tiene todo el espectro de posturas sobre la libre expresión”.

Una adquisición corporativa supone cierta cantidad de caos, como los despidos de personal. Pero la falta de claridad en los planes de Musk para Twitter —en particular en sus políticas sobre moderación de contenido, desinformación y discurso de odio— han activado las alarmas sobre hacia dónde se dirige uno de los ecosistemas de información más reconocidos del mundo. Lo único que parece seguro es que, por el momento, al menos, el destino de Twitter y el de Musk van de la mano.

“Espero que la responsabilidad y la madurez se impongan”, dijo Eddie Perez, quien fuera director de equipo de integridad cívica de Twitter y dejó la compañía antes de la compra de Musk. “Una cosa es ser un trol multimillonario en Twitter que intenta hacer reír a los demás con sus memes y payasear. Ahora eres el nuevo propietario de Twitter y tienes un nuevo nivel de responsabilidad”.

Por ahora, sin embargo, los memes parecen ir ganando. Esto inquieta a expertos como Perez, a quien le preocupa que Musk esté avanzando demasiado rápido sin escuchar a las personas que han estado trabajando por mejorar la civilidad en la plataforma y en su lugar recurra a su experiencia insular como uno de los usuarios más populares de la plataforma con millones de seguidores que aplauden cada paso que da.

“Tienes a un solo multimillonario que está controlando algo de tanta influencia como una plataforma de redes sociales como Twitter. Y tienes a países enteros (cuyos) objetivos políticos son contrarios a los nuestros, y están intentando crear un caos y están cortejando favores directamente” con Musk, dijo Perez.

“No existe un mundo en el que esto sea normal”, añadió. “Esto nos debe preocupar a todos”.

Twitter no comenzó como un muladar. E incluso ahora existen burbujas de subgrupos graciosos, excéntricos y “nerds” que siguen un tanto aislados del caótico y agresivo lugar que puede llegar a ser cuando uno sigue a demasiados agitadores. Pero al igual que con Facebook, el ascenso de Twitter coincidió con la creciente polarización y con un declive tangible del civismo por internet en Estados Unidos y muchas otras partes.

“La conclusión a la que se llegó entre 2008 y 2012 es que la manera de generar ímpetu, la manera de llamar la atención en cualquier red social, incluyendo Twitter, era usar lenguaje incendiario, para poner a prueba la humanidad básica de la oposición”, señaló Lee Rainie, director de investigación tecnológica e internet en el Pew Research Center.

Las cosas siguieron saliéndose de control a medida que se acercaba y pasaba la elección presidencial de 2016 en Estados Unidos y el nuevo mandatario afianzaba su reputación como uno de los usuarios más incendiarios de Twitter. Después de que se reveló que Rusia usó plataformas de redes sociales para tratar de influir en los comicios en Estados Unidos y otros países, las propias plataformas se convirtieron en protagonistas del debate político.

“¿Tienen demasiado poder? ¿Sus políticas de moderación de contenidos privilegian a unos o a otros?”, preguntó Rainie. “Las propias compañías se vieron envueltas en estos intensos argumentos. Y ese es al ambiente al que Elon Musk está entrando”.

Y más allá de la personalidad excéntrica, la propia descripción del nuevo empleo de Musk: “Operador de la Línea de Quejas de Twitter” podría resultar su mayor desafío hasta la fecha.

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El periodista de Associated Press Frank Bajak contribuyó a este despacho.