Jugando con las palabras

Una de las características que define a los caribeños es nuestro sentido del humor. A veces, aun en la tragedia, utilizamos comentarios livianos para suavizar el impacto que tiene lo malo sobre nuestro espíritu.

La condición más trágica que vivimos en este momento histórico es el impacto que enfrenta la nación, frente a la mentira y las medias verdades que permean nuestra convivencia social.

Me explico: A finales de febrero de este año Trump nos dijo que esta pandemia, que ya nos ha causado más de seis millones de contagios y sobre ciento noventa mil muertes, era un problema pasajero, sin mayores consecuencias y que mágicamente habría de desaparecer con rapidez.

Ahora nos enteramos que para la misma época, en entrevista grabada por el periodista Bob Woodward, el presidente Trump se expresó acerca de la peligrosidad del COVID-19, la emergencia que le podría causar a nuestra nación y el hecho de que no le había comunicado a la nación estos detalles para no “causar pánico” entre la ciudadanía. Entre las cosas que Trump mencionó en dicha entrevista fue que el contagio podría ocurrir por aire, entiéndase, cuando respiramos. 

Teniendo entonces ese conocimiento acerca del contagio por aire, me pregunto: ¿Qué le costaba, en ese momento, con esa información claramente en sus manos, promover inmediatamente el uso de mascarillas para limitar las posibilidades de contagio por aire.

En términos caribeños esta tragedia causada por la mentira y la desinformación podría aliviar nuestro espíritu diciendo:

El “trompo” abrió la trompa y mintió a trompetazos propinándole a los ciudadanos de esta nación una trompada de desinformación que muy bien pudo haber salvado muchas de las vidas que ya se han perdido durante esta pandemia.  

Me pregunto además: ¿Cuántos contagios se hubiesen podido evitar si esta información vital nos hubiese llegado a tiempo, independientemente a qué causara pánico o no ? Solamente el uso de mascarillas a tiempo hubiese salvado vidas y reducido contagios. 

La trompa del trompo lleva ya más de tres años prometiéndonos un plan de salud superior a Obamacare. Sin embargo, su administración actualmente tiene un caso radicado ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos solicitando, en medio de esta situación pandémica, la eliminación de Obamacare que, dicho sea de paso, es el único remedio que tenemos bajo la ley para que no se penalice ni se pueda rechazar el tratamiento a personas con condiciones preexistentes de salud. Esos, después de esta pandemia y sus posibles consecuencias permanentes en nuestra salud, podemos ser todos o cualquiera de nosotros.

A estas alturas no hay indicio alguno de que haya nada que se acerque a un plan de salud según nos promete el trompo…con su trompa. 

Y es que el trompo, con su trompa de sus mentiras nos llena…..

¡Alabao!

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