Jugando con nuestro Servicio Postal

Recuerdo en mi juventud la frase “neither snow or rain can stop the U.S. Mail” ( ni la nieve ni la tormenta pueden detener el servicio postal de los Estados Unidos).

Nuestro servicio postal fue fundado el 26 de julio de 1775 por orden del segundo Congreso Continental de nuestra nación. Nació casi a la par con nuestra independencia y su primer administrador general (Postmaster General) fue nada menos que Benjamin Franklin quién, dicho sea de paso, formuló muchas de las prácticas postales que aun siguen vigentes.

En ese Segundo Congreso Continental, la recién nacida nación norteamericana reconoció entonces la urgencia de crear un motor que contribuye a mantener la unidad familiar y nacional a través de la comunicación escrita entre partes.

Tenemos que entender e internalizar que, en ese momento histórico, todas las comunicaciones eran verbales o escritas. No había radio, ni televisión, ni telégrafo y mucho menos teléfonos celulares e Internet: eso vino después… el otro día.

A través del servicio postal la nación, entonces en crecimiento y desarrollo, forjaba sus hazañas y manejaba su gobierno. A través del servicio postal se comunicaban las familias, los amigos, los grandes amores y las tristes decepciones.

El correo, como le llamamos cariñosamente creció con nosotros convirtiéndose también en vehículo importante para comprar a distancia, enviar y recibir mercancía en los negocios y el comercio, enviar cheques, notificaciones, facturas por servicios necesarios, recibir medicamentos que salvan vidas y siempre manteniendo la alternativa de la comunicación personal entre los seres humanos que caminamos esta tierra de todos.

¡Entonces llegó Trump!

Con el único y principal propósito de detener el movimiento electoral a través de el Servicio Postal de los Estados Unidos en un momento en el cual todos los indicadores apuntan a que se apresta a recibir una aplastante derrota en las elecciones que se avecinan, Trump comenzó esta semana pasada a debilitar y reducir la eficiencia y el personal de nuestro correo.

Este energúmeno, que solo puede pensar en sí mismo, se olvida completamente de todos los que dependemos de la efectividad de ese servicio postal.

En su muestra más en la que su egoísmo alimenta su ignorancia, solo ve la función de servicio postal como un instrumento de movilizar las papeletas electorales, casi como si el correo fuese una “urna electoral” donde se depositan los votos.

Su egoísmo ignorante es tal que ignora completamente la crisis de salud que enfrenta nuestra ciudadanía en este tiempo de pandemia. El voto por correo de nuestros ciudadanos podría convertirse en un aliciente para detener la cantidad de contagios que estamos experimentando desde que este aprendiz de tirano no supo manejar la tormenta que se vio venir desde enero de 2020.

La democracia está en juego mientras permitamos que Trump siga trastocando, no solo el Servicio Postal sino todas y cada una de nuestras instituciones vitales. Hay que sacar a este monstruo de nuestro gobierno, sea por correo o haciendo la fila.

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