Juicio a los Diack: ¿El fin de la impunidad en el deporte?

(AP) — Cuando Usain Bolt hacía del atletismo la actividad más atractiva de los Juegos Olímpicos, el deporte estaba siendo carcomido desde adentro.

Ese es el cuadro que surge de un juicio por corrupción en París en el que se aprecia cómo una era apasionante para el atletismo fue manchada por los manejos de la cúpula de la federación internacional del deporte (IAAF, por sus siglas en inglés), incluida la dupla formada por su presidente y un hijo suyo.

Nueve meses antes de que Bolt fijase el primero de sus récords mundiales de velocidad, el presidente de la IAAF Lamine Diack firmó un acuerdo, en septiembre del 2007, por el cual se le pagaban 900 dólares diarios a su hijo –más adelante 1.200– por su trabajo como consultor. Armado con el nombre de su padre y el prestigio de su cargo, Papa Massata Diack empezó a negociar lucrativos contratos para la IAAF.

Y se hizo rico, según los fiscales, desviando dinero para él y su padre y extorsionando a atletas que pagaban a veces más de 100.000 dólares para evitar ser castigados por doparse.

A lo largo de seis días se ventilaron la corrupción, el lavado de dinero y la prevaricación de la era de los Diack. El juicio sacó a la luz los problemas que enfrentaron deportes que alguna vez fueron amateurs al irrumpir en un mundo de negocios millonarios sin demasiada supervisión.

Los presuntos delitos de los Diack privaron a la IAAF de fortunas y mancharon la reputación del padre como uno de los líderes en la lucha contra el dopaje, causando pérdidas que el organismo calcula ahora del orden de los 41 millones de euros (46 millones de dólares). El tribunal escuchó asimismo denuncias de que los atletas también fueron perjudicados al tener que competir contra deportistas que debieron haber sido suspendidos por doparse, pero que lo evitaron comprando el silencio de la federación.

Dos corredores franceses retirados, Christelle Daunay y Hind Dehiba, están pidiendo compensaciones en concepto de daños.

El abogado de Dehiba, Florent Hauchecorne, describió el juicio como un momento histórico que representa el fin de una era de impunidad por parte de dirigentes que nunca eran castigados.

“El problema es que el deporte se ha convertido en una industria”, dijo el abogado. “Y en el trasfondo hay intereses geopolíticos de naciones que, al final de cuentas, llevan a la conclusión de que el dopaje de los atletas y ayudarlos a doparse para ganar medallas no es algo peor que usar agentes del servicio secreto para intervenir aquí y allí”.

El juicio dio a entender que los Diack se daban la gran vida mientras los atletas sudaban para tener éxito. Lamine Diack recorrió el mundo y se codeó con grandes personajes.

El fiscal Arnaud de Laguiche dijo que dirigentes deportivos como Diack “viven como pequeños emperadores y tienen cortesanos y gente que los cortejan”.

En el 2011 el presidente ruso de entonces Dmitry Medvedev le regaló a Diack una medalla de la amistad. Pocos sabían que ese año Diack había empezado a lidiar con algo que mancharía para siempre su gestión de casi 16 años al frente de la IAAF: El dopaje generalizado en Rusia.

Los Juegos Olímpicos del 2012 en Londres estaban a la vuelta de la esquina y Diack temía que castigar a una gran cantidad de atletas afectaría las negociaciones con un patrocinador ruso, según se dijo en el juicio. Diack admitió haber intervenido silenciosamente para demorar sanciones, pero negó haber estado al tanto de sobornos. Los fiscales dicen que los Diack les cobraron 3,45 millones de euros a los atletas.

La Agencia Mundial Antidopaje dijo en el juicio que el encubrimiento de los dopajes causó graves daños e hizo que los atletas perdiesen la confianza en el sistema para combatir el dopaje.

“Fue como en esas películas estadounidenses en las que viejos mafiosos se sientan en rincón de un restaurante a comer spaghettis y hacen y deshacen vidas”, dijo el abogado de la AMA Emmanuel Daoud, quien comparó a Diack con Joseph Blatter, el presidente de la FIFA caído también en desgracia por corrupción. “El señor Diack se manejaba como un patriarca omnipotente”.

Durante el juicio Diack, quien tiene 87 años, hizo declaraciones confusas y a menudo inaudibles. Recordó claramente detalles de su juventud, pero con frecuencia se mostró confundido al hablar de los detalles del caso.

“Me estoy poniendo viejo”, afirmó.

Uno de sus abogados, Simone Ndiaye, dijo que Diack siente que están siendo “injustos” con él y lo juzgan por “todo un engranaje en el que mucha gente participó”.

El gran ausente del juicio fue su hijo, Papa Massata Diack, quien vive en Senegal y no se presentó.

Los fiscales dicen que el hijo es en realidad el que orquestó todo el sistema de extorsiones a los atletas y el desvío de fondos de la IAAF.

“Se manejaba como un hampón”, dijo el propio Lamine Diack, quien ha sido reemplazado en la presidencia de la federación, ahora llamada Atletismo Mundial, por Sebastian Coe.

Los fiscales piden un castigo de cuatro años de prisión y una multa de 500.000 euros para Lamine Diack y cinco años de cárcel, una multa similar y una inhabilitación de por vida para toda actividad deportiva para Papa Massata Diack.

El veredicto podría demorarse meses.

Diack padre tiene pendiente otro proceso ya que se investigan posibles irregularidades en la selección de sedes para los Juegos Olímpicos del 2020 y de otras competencias.

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