La complicada, pero simple aritmética de la Elección Presidencial

En todas y cada una de las naciones democráticas del resto del mundo, la elección del presidente se determina a base del ganador del voto popular en el proceso. Habiendo sido de esa manera, Donald Trump, nunca hubiese sido presidente de los Estados Unidos de América.

En ambas elecciones en que él ha sido candidato, Trump ha sido el perdedor indiscutible cuando se ha contabilizado el voto popular.

En nuestra nación, el presidente es electo por un sistema diferente. Lo conocemos como el sistema de Colegio electoral”. Cada uno de los cincuenta estados de la nación tiene un número de “votos electorales” los cuales son otorgados al candidato ganador en el estado. Cuando la suma de los votos electorales de cada estado le adjudican a un candidato el número mágico de doscientos setenta o más, ese candidato se convierte en el presidente electo de la nación.

En las elecciones presidenciales de 2016, Hillary Clinton, a pesar de haber obtenido una ventaja de más de tres millones de votos populares, al perder en los estados de Michigan, Pennsylvania y Wisconsin, perdió la elección presidencial frente a Donald Trump.

La ventaja de Trump fue de 23,000 votos en Wisconsin, 10,704 votos en Michigan y 44,292 votos en Pennsylvania. Un total combinado de 77,996 votos de ventaja en los tres estados que forman el llamado “blue wall” (muralla azul) le dieron la victoria a Trump. Dicha muralla que, dicho sea de paso, fue la única que ha podido construir en los últimos cuatro años, se le derrumbó en las elecciones del 2020. Las demás “murallas” que prometió en su campaña electoral, nunca han sido construidas.

Hillary Clinton concedió su derrota el día después de las elecciones y el 10 de noviembre de 2016 el presidente Obama recibió al presidente electo, Trump, para comenzar el proceso de transición que ha garantizado por más de dos siglos la transferencia pacífica del poder en nuestra democracia. No se hicieron acusaciones de fraude ni de irregularidades… sencillamente se reconoció la derrota electoral y se le entregó el poder al ganador.

En estas elecciones de 2020, el candidato demócrata Joe Biden, recuperó brillantemente la pluralidad de votos populares en la llamada “muralla azul”. Venció a Trump en Wisconsin por 20,540 votos, en Michigan por 146,123 votos y en Pennsylvania por 47,566 sufragios. En los tres estados, la ventaja de Biden fue de 214,229 votos, casi el triple del total de votos que obtuvo Trump para ganar esos tres estados en 2016.

Trump se niega a entender que el pueblo lo rechazó fulminantemente. De hecho, el puntillazo final es que , a estas alturas, está atrás en Arizona, un estado tradicionalmente republicano.

Arizona le “cobró” a Trump las constantes ofensas que profirió contra el senador John McCain (QEPD) las cuales posiblemente reafirmó al no asistir a ninguna de las actividades ofrecidas en honor a MacCain con motivo de su fallecimiento.

A estas horas Trump está perdiendo en el estado de Georgia, también históricamente un bastión del republicanismo.

Conceda, Mister Trump. Comience el proceso de transición y transferencia pacífica del poder sin empañar más la imagen de nuestra democracia.

¡La aritmética de su derrota es incuestionable!

 

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