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Brett Kavanaugh se une a Clarence Thomas en la Corte Suprema de Justicia con la distinción común de haber sido los dos magistrados más polémicos y con menos apoyo en el Senado para lograr los cargos que ahora ejercen.

Como Thomas en 1991, el nominado de Donald Trump superó el proceso de confirmación en el Senado por dos votos. El nuevo magistrado, también, llega al Supremo con la nube de una acusación por conducta sexual inapropiada que estuvo a punto de frustrar sus aspiraciones.

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El ajustado resultado final y todo el desgarre del proceso de confirmación, rematado con esas acusaciones de agresiones sexuales supuestamente cometidas por el candidato en sus tiempos estudiantiles, son signos del tiempo hiperpolarizado que vive la sociedad estadounidense cada vez más irreconciliablemente escindida entre liberales y conservadores.

Concluida la votación, a las afueras del Capitolio en Washington, podían verse personas llorando y caras de preocupación entre muchos de esos que en las últimas semanas se habían movilizado para expresar su respaldo a la profesora Christine Blasey Ford, quien acusaba a Kavanaugh de haber intentado violarla cuando ambos eran adolescentes.

Esos manifestantes en trance de derrota portaban carteles y camisetas prometiendo “no olvidar” o “votar en noviembre”, una furia que con seguridad buscarán explotar los demócratas para movilizar a los votantes para las elecciones de mitad de período del próximo 6 de noviembre.