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Decir o no la verdad en un momento dado a veces depende de circunstancias que están fuera de nuestro control.
En nuestra columna de la semana pasada hicimos referencia específica a lo que hemos denominado como “El Quinto Poder”… el poder económico que actúa diariamente a favor de su propio beneficio sin importarle para NADA… CERO;  quienes componemos la clase media y la clase pobre del país. Entre los mencionados en la lista de los denominados claramente identificamos a la industria de los Seguros, mencionando entonces que se gastaron más de 250 millones de dólares en influenciar negativamente, a través de campañas, la opinión pública en relación a la Ley de Seguros de Salud Costeables, desde entonces conocida como Obamacare.
En su compromiso por asegurar que nuestro pueblo recibiera de los aseguradores servicios de salud de calidad a cambio de su dinero, la ley exige que los seguros no puedan rechazar a nadie por tener problemas de salud pre-existentes y tiene que garantizarle a sus asegurados servicios de maternidad y servicios médicos preventivos gratis. De modo que bajo la ley no se puede discriminar en contra de los enfermos,  ni de la mujer (que es a fin de cuentas quien necesita los servicios de maternidad).
Hasta el día en que la Ley de Salud tomó efecto, las aseguradoras habían estado vendiendo coberturas incompletas al pueblo dentro de las cuales el asegurado no se enteraba, hasta que estaba enfermo, las severas limitaciones que tenía el seguro que había estado pagando. Eso se acabó con Obamacare porque las pólizas de seguro de salud tienen que cumplir con unas cubiertas mínimas relacionadas, entre otras cosas, con las mencionadas en el párrafo anterior.
Cuando el Presidente dijo: “aquel que quiera mantener su plan de seguro, puede hacerlo…” no tomó en cuenta que las aseguradoras tenían en el mercado pólizas de servicios de salud que no ofrecían las cubiertas básicas que Obamacare exigía en beneficio de todos nosotros los asegurados… el pueblo americano.
Y ahora, después de experimentar la desastrosa “casualidad” de que el Gobierno Federal estuvo cerrado por dos semanas comenzando el mismo día en que Obamacare abría sus puertas al pueblo, el liderato Republicano pretende acusar al Presidente de deshonestidad por asegurarnos las cubiertas que necesitamos,  en vez de acusar a las aseguradoras de deshonestidad, por habernos vendido por décadas, pólizas de salud que no nos ofrecían la cubierta necesaria para poder enfrentar nuestros problemas de salud. Durante esas mismas décadas, el enfermarnos podía ser la causa de nuestra quiebra económica, como lo fue para muchos de nuestros conciudadanos.
Tenemos que aprender como pueblo a sacar a los deshonestos de sus “madrigueras” en vez de acusar de deshonestos a quienes protegen nuestros mejores intereses contra viento y marea.
Obamacare llegó para quedarse y las injusticias cometidas por la industria de los seguros hasta el día en que la ley tomó efecto se acabaron YA.

La Deshonestidad de Obama

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