Advertisement

En esta fiesta de la Epifanía del Señor celebramos la revelación del Hijo de Dios a los gentiles, los no judíos. A partir de ese momento, los privilegios que estaban reservados para el pueblo escogido quedaron a disposición de toda la humanidad. Esa estrella, ordenada por Dios, sirvió para que la luz de Cristo brillara para todo el mundo.

Los reyes sabios vieron el lucero desde países lejanos y se sintieron tan conmovidos que de inmediato emprendieron el viaje, al final del cual encontraron la manifestación de Dios en un niño recién nacido, y se sintieron movidos, no sólo a ofrecerle regalos de gran valor, sino a adorarlo de inmediato. Así comenzó una maravillosa procesión de gente venida desde todas las latitudes hasta el trono de Dios. Ahora, todas las naciones podían llegar a la luz de un Rey que gobierna con amor y justicia.

Advertisemen

Esta es la intensidad con la cual Dios quiere que todos vengan a conocerlo; de hecho, no esperó a que se propagara la noticia ni que la evangelización cristiana traspasara las fronteras de Palestina. Más bien, puso una señal en el cielo que captó la atención de unos sabios de países remotos, representantes de todas las naciones que aún no habían conocido el amor y la misericordia de Dios. ¡Así actúa el Señor para congregar a su pueblo! Hoy mismo nos está llevando a todos a refugiarnos en su amor y lo hace de modos sutiles y a veces no tan sutiles.

Al venir a su presencia hoy en Misa, nosotros también recibimos la invitación a salir del “país lejano” de la vida en el mundo para entrar en el Reino celestial de Cristo Jesús; cuando aprovechamos la oportunidad de amar y adorar al Señor, el corazón se nos llena de amor y entusiasmo. Dios te ha llamado a ti también desde la eternidad para tener parte en su vida; no dejes de abrirle tu corazón y aceptar su invitación.

“Jesús, Señor y Dios mío, te entrego mi corazón y te doy gracias por haber venido al mundo a salvar a la humanidad. Permite, Señor, que jamás ni yo ni nadie de mi familia se aparte de ti.”

Isaías 60, 1-6
Salmo 71, 1-2. 7-8. 10-13
Efesios 3, 2-3. 5-6

La Epifanía del Señor