La lucha política paraliza al gobierno y alimenta el malestar social en Bolivia

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(AP) — Las protestas populares han regresado a las calles de Bolivia alimentadas por una crisis económica que amenaza el futuro político del presidente Luis Arce y la hegemonía que capitalizó por casi dos décadas el partido gobernante.

Multitudes de vendedores ambulantes, que integran la vasta fuerza laboral informal del país sudamericano, marcharon recientemente casi 100 kilómetros desde las llanuras hasta La Paz en demanda del fin de la escasez de combustibles y dólares —que muchos bolivianos usan para adquirir bienes o como moneda de ahorro— y contra el alza en el precio de los alimentos.

Como ministro de Economía del expresidente Evo Morales (2006-2019), Arce capitaneó el llamado “milagro boliviano” gracias a los altos precios del gas, pero ahora afronta dificultades para capear el temporal y ha perdido el control de la Asamblea Legislativa tras la fractura del oficialista Movimiento al Socialismo (MAS).

Buena parte de la crisis se debe a la lucha entre Arce y Morales por el futuro del MAS antes de las elecciones generales de 2025.

A continuación AP explica las razones de la actual crisis social que se traduce en repetidas protestas y bloqueos de carreteras en esta nación históricamente turbulenta de 12 millones de habitantes.

LA FRACTURA DEL OFICIALISMO
La crisis en el MAS estalló en 2019 cuando Morales —el primer presidente indígena en la historia del país—forzó una tercera reelección prohibida por la constitución y rechazada por un referendo popular. Renunció a la presidencia en medio de un estallido social que dejó 36 muertos tras unas elecciones consideradas fraudulentas en 2019 y se asiló primero en México y luego en Argentina.

Luego de un gobierno interino al que el MAS considera ilegal, el partido retomó el poder en 2020 con Arce, pero la economía había quedado herida tras la pandemia de COVID-19 y Morales ya no era el líder indiscutible de esa fuerza.

Arce tomó las riendas y no tardaron en aparecer las fricciones cuando Morales anunció en 2023 su intención de postularse en 2025. Arce tiene las mismas expectativas y el aval de la constitución para buscar la reelección.

“En el fondo la gente recuerda el período de Evo como una época de crecimiento y éxito”, dijo Diego Von Vacano, experto en política boliviana de la Universidad Texas A&M. “Esta crisis económica es un punto de inflexión que está provocando que cada vez más funcionarios abandonen el barco y se unan al bando de Morales”.

Tanto Morales como Arce han celebrado su propio congreso partidario para discutir el futuro del MAS. La semana pasada Morales atrajo a decenas de miles de leales a Cochabamba, al sureste de La Paz. “Vamos a ganar las elecciones y vamos a ganar para salvar a Bolivia”, dijo triunfante en un estadio lleno de wiphalas, las banderas de colores brillantes que representan a los pueblos indígenas del país.

El presidente Arce niega la legitimidad de la campaña de Morales señalando un fallo de la Corte Constitucional de 2023 que le prohíbe postularse, pero los expertos legales dicen que el tema no está tan claro.

La facción de Morales ha bloqueado en el Legislativo las iniciativas de Arce y varios créditos que ayudarían a la economía están pendientes del aval legislativo.

Arce acusa a Morales de un “boicot económico” y de confabular con la minoritaria oposición de centro y de derecha para “acortar” su mandato. Morales, a su vez, acusa a Arce de profundizar la crisis económica.

ECONOMÍA EN CRISIS
A Morales le tocó gobernar con buenos precios de las materias primas e ingresos extraordinarios por las exportaciones de gas tras la nacionalización de los hidrocarburos en 2006. Las reformas liberales de la década de 1990 habían colocado al país como potencia energética y Bolivia pasó de ser un país de ingresos bajos a uno de ingresos medios, según el Banco Mundial. La extrema pobreza cayó al 15%, se construyeron carreteras y teleféricos y las ciudades se expandieron.

“Se creó una burbuja de consumo”, dijo el profesor de Economía de la Universidad Católica, Gonzalo Chávez. No obstante, la producción de gasolina no cubría el consumo local y el Estado debía importar más combustible cada año.

Según Morales y Arce el éxito del modelo se basó en la redistribución del excedente de las exportaciones de gas que comenzaron a declinar en 2014. “De 6.600 millones de dólares por exportaciones de gas a Brasil y Argentina, los ingresos cayeron a 2.100 millones en 2023”, explicó Chávez. La minería tampoco pasa por un buen momento y la agroindustria no aporta los ingresos de antes.

La escasez de dólares ha encendido las alarmas. Hasta hace un año la divisa estadounidense circulaba libremente en el país, con el dólar se importaban productos industrializados y se comercializaban automóviles y viviendas. Pero el gobierno necesita 2.000 millones de dólares cada año para importar gasolina y diésel que vende a mitad de precio y los ingresos por exportaciones han disminuido.

Los importadores alegan que deben proveerse de la divisa estadounidense en el mercado paralelo a mayor precio, lo que encarece los productos. “Nos comimos los ahorros y ahora estamos raspando la olla”, graficó Chávez.

Arce dijo recientemente que la producción de gasolina y diésel cubrían la mitad del consumo interno en 2014 y que ahora se importa el 86% del diésel y el 56% de gasolina “por la falta de inversiones en exploración y el agotamiento de los campos”. Los transportistas llevan a cabo recurrentes protestas por la falta de combustible.

Por su parte, las amas de casa se quejan de los precios altos de algunos alimentos. El gobierno ha atribuido el alza a factores climáticos y al contrabandado hacia Perú y Argentina.

El ministro de Economía, Marcelo Montenegro, ha negado que el país esté atravesando una crisis económica. “Hay crecimiento (3% del PIB en 2023) y la inflación está controlada (2,12% en 2023). Los opositores “buscan posesionar la sensación de crisis por razones políticas”, dijo. El gobierno no ha hecho ajustes entre ingresos y gastos, según los economistas.

¿CUÁL ES EL ESCENARIO POLÍTICO?
La mayoría de los analistas coincide en que el modelo económico y político del MAS está agotado. La agitación en las calles favorece a los partidos tradicionales, que intentan levantar cabeza y se ven con más chances de derrotar al MAS en las urnas. Pero la oposición está dividida y uno de sus principales lideres, el gobernador de Santa Cruz Luis Fernando Camacho, está preso por las protestas antigubernamentales de 2019.

“Para el año 2025… aparecen muchas alternativas pero hay muy poco que las une”, dijo Fernando Mayorga, sociólogo de la estatal Universidad de Cochabamba. “La oposición tiene más oportunidades debido a la división existente en el MAS y al agotamiento de la figura de Evo Morales” pero esto dependerá de si sabe aprovechar la oportunidad política, agregó.

Ante la crisis del partido gobernante una decena de nuevos líderes han emergido y buscan ganar espacio, pero pocos hablan de unidad.

“El problema de Bolivia no pasa por buscar un líder sino una nueva visión de país con base en un pacto social constituyente. Las elecciones no solucionarán los problemas estructurales”, indicó el analista político Paul Coca.

“Lamentablemente el pueblo está dormido, pero este pueblo va a comenzar a levantarse”, dijo a AP Roberto Ríos Ibáñez, secretario general de la Confederación de Artesanos y Comerciantes de Bolivia, durante la marcha reciente a La Paz.