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El continuo furor sobre la reunión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Helsinki (Finlandia) con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, está enfocando la atención en una figura que debería ser invisible en la diplomacia de alto riesgo: la traductora.

Un número creciente de legisladores están pidiendo que Marina Gross, la intérprete del Departamento de Estado que guió a Trump en su reunión cara a cara con Putin, comparezca ante el Congreso. Gross fue la única miembro de la delegación de Estados Unidos en la habitación durante la reunión de los dos líderes, que duró unos 90 minutos.

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Poco se sabe sobre Gross, una empleada del Departamento de Estado con años de experiencia en traducir en altos niveles. Ella fue fotografiada junto a la primera dama Laura Bush. Gross también se sentó al lado del exsecretario de Estado Rex Tillerson durante su visita a Moscú en abril de 2017.

Michael McFaul, exembajador de Estados Unidos en Rusia, elogió públicamente a Gross en un tuit señalando que, aparte de la directora sénior del Consejo de Seguridad Nacional, Fiona Hill, Gross era la única mujer que había en la sala. “Nuestra traductora, que por cierto, ¡es absolutamente fantástica!!, tuiteó McFaul el 16 de julio.