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La revista Time ha publicado su listado anual de las 100 personas más influyentes del mundo, entre las que se cuentan pioneros, artistas, líderes, iconos y titanes, algunos de ellos latinos.

Es el caso por ejemplo de Luchita Hurtado, una pintora venezolana casi centenaria que se formó en México, donde frecuentó a Frida Kahlo, y triunfó en California, donde su obra se expone en los principales museos de Los Ángeles.

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“Nunca le dije no a la vida. Tengo una responsabilidad con mi mundo, con mi planeta”, aseguró la artista, según cita en la revista en galerista Hans Ulrich Obrist.

La actriz Yalitza Aparicio “desafía paradigmas con sólo 25 años”, según la retrata el director Alfonso Cuarón, bajo cuya batuta alcanzó la fama el año pasado con la película Roma. Su interpretación fue reconocida con una nominación a los premios Oscar de Hollywood (la película logró tres: director, cinematografía y filme en lengua extranjera).

Aparicio no tenía experiencia previa como actriz, escribe Cuarón en la revista, y estaba aterrorizada por el océano aunque se lanzó contra las olas en la escena más impactante de la película. No hablaba el idioma mixteco y lo aprendió para la grabación.

Cuarón dice que, tras más de 3.000 audiciones, supo que ella era la intérprete perfecta nada más verla entrar por la puerta: “No tengo nada mejor que hacer, así que sí”, aceptó ella la invitación. “Y lo más bello es que lo decía en serio”, añade.

También figura en el listado el cantante puertorriqueño Juan Carlos Ozuna, conocido por su apellido y su reggaetón, un “chamaquito” con una voz “sublime y única”, según le retrata el músico Daddy Yankee, que asegura haberse visto reflejado en él.

“Mostró a los niños que todo es posible”, explica, “si trabajas lo suficientemente duro”.

Entre los políticos latinos incluidos en la lista están el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador; la congresista Alexandria Ocasio-Cortez; el líder opositor venezolano, Juan Guaidó; y el papa Francisco.

Y entre los iconos aparece una madre hondureña, mencionada por un nombre que no es el suyo, Mirian, que cruzó la frontera estadounidense con su hijo de 18 meses para pedir asilo y fue separado de éste a la fuerza por el Gobierno que preside Donald Trump.

Su historia, recogida por los medios de comunicación, elevó la oposición pública contra la política de tolerancia cero que había provocado la separación de miles de niños de sus padres, obligando a Trump a cancelarla (aunque aún sigue en vigor en la sombra, según denuncian asociaciones civiles).