Las Cuentas del Fin de Año

La fecha navideña, para muchos, es el recordatorio de que es la hora de ir sacando “cuentas” para resumir como nos fue el año. Generalmente las personas hablan como si sus experiencias de vida fueran una cuenta económica donde se separan las ganancias de las pérdidas y luego deciden si quedaron en números rojos o no. Es una ambigüedad el hacer un análisis racional basado en hechos emocionales. Me pregunto, ¿Es esta una forma útil de medir el resultado de nuestras experiencias? ¿Con una perspectiva económica? ¿A caso es nuestra vida una cuenta de banco? Permítame compartir una experiencia personal con usted. Al iniciar mi carrera, me aterrorizaba la idea de tener que estudiar en inglés. Cada vez que tenía que presentar un trabajo de curso se me hacía un momento vergonzoso. En la universidad existen los llamados laboratorios de inglés, donde hay tutores que ayudan a los alumnos a rectificar errores de gramática y demás. Cuando yo iba a rectificar mis trabajos, en ocasiones me encontraba con tutores muy amables, me rectificaban los trabajos sin hacerme sentir avergonzado de mis faltas. En otras ocasiones me tocaba la señora Hoffman, que para ser diplomático diría, que gozaba de poca paciencia y sufría de escasa vocación pedagógica, yo me sentía horrible cada vez que tenía que rectificar mi trabajo con ella. La desmotivación se apoderaba de mí, la vergüenza que yo sentía al ella rectificar mis errores era un precio muy caro a pagar por mis estudios. Este rechazo hizo que me cuestionara seriamente si continuaría mis estudios o no. Comencé a entregar muchos de mis trabajos sin antes rectificarlos con la ayuda de un tutor, por evitar encontrarme con la señora Hoffman. Los resultados de mis trabajos comenzaron a sorprenderme cuando observé que los profesores  hacían menos tachones rojos en mis trabajos; entonces, comencé a comparar mis últimos trabajos con otros anteriores y me di cuenta que la diferencia estaba en aquellas palabras que la señora Hoffman me había rectificado. Mi malestar era tan intenso que cada vez que yo escribía una palabra que había sido previamente rectificada por ella, esa palabra quedaba grabada como un tatuaje en mi memoria. A partir de entonces solo rectificaba mis trabajos con la señora Hoffman porque me di cuenta que era efectivo para mí y al darme cuenta de esto decidí que nunca más iba a medir mis experiencias de buenas, malas, agradables o desagradables. Este método de palabras que miden y califican las experiencias con tonos emociónales no podía ser mi herramienta para medir la utilidad de mis experiencias. Desde entonces, aprendí a medir con la vara de la utilidad. Cuán útil fueron sus experiencias este año para aprender algo nuevo. Créame mientras mas dolorosa y vergonzosa haya sido su experiencia mejor aprendida puede ser su lección, pero si sólo se concentra en el dolor que le dejó, quizás se vea tentado, como yo, a sólo sacarle una decepción a su experiencia. Hablemos en serio, es más útil juzgar nuestras vivencias por la utilidad de lo aprendido y no por su intensidad en lo vivido. De todo lo que usted vive se puede aprender algo; si aprende a ver la enseñanza que le dejó cada una de sus experiencias, siempre saldrá ganando. Levante su ánimo, respire profundo, créalo o no, usted ha ganado un año más de experiencia para su vida. No pierda sus sueños, ellos son la mejor razón que tiene para vivir. Un nuevo año ofrece la oportunidad de  trazarse nuevas metas, aplicar nuevas estrategias y marcar un nuevo punto de partida.

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Las Cuentas del Fin de Año

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