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Una chulería de principio a fin. Esa es la mejor forma de describir la magia particular de “Mary Poppins Returns”, la secuela del clásico de Walt Disney Pictures que estrena hoy en Puerto Rico.

Resulta apropiado que un estudio que no duda en realizar versiones nuevas de sus clásicos animados haya optado por filmar una secuela de Mary Poppins.

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La nueva oferta es un maravilloso ejercicio de nostalgia que constantemente le rinde tributos a la versión original a la vez que se encarga de expandir sus encantos.

Aunque la combinación de los talentos del director Rob Marshall (“Into the Woods”, “Chicago”), Emily Blunt en el rol titular y Lin-Manuel Miranda en su primer rol sustancial en la pantalla grande logran que ese objetivo se cumpla con facilidad; la conexión de sus esfuerzos con el pasado funciona como un arma de doble filo.

Que el filme evoque la alegría y la inocencia de la película original es uno de sus mayores triunfos, pero de la misma forma resulta bien poco probable que alguien que esté teniendo su infancia en el nuevo milenio se rinda fácilmente a los encantos conservadores de esta secuela. Eso convierte a la película original en una asignación obligatoria antes de salir al cine a ver esta. En contraste, resulta poco probable que los adultos que sí experimentaron la primera película en su niñez no caigan bajo el hechizo peculiar de este película en menos de un minuto.

La idea de otra historia protagonizada por Mary Poppins no es un invento oportunista de Disney. Pamela Lyndon Travers publicó 11 libros de aventuras mágicas con este personaje. Sin embargo, la trama de esta secuela no adapta ninguna de las historias de la creadora de Poppins.

Esta historia “original” ha sido construida como un un eco de lo que se hizo en el primer filme. Las circunstancias son diferentes, pero en esta ocasión es Michael Banks (Ben Whishaw) quien está emocionalmente desconectado de sus hijos debido a una tragedia familiar. Esto se complica con una crisis económica que amenaza con dejarlos sin hogar. Justo cuando Michael y Jane (Emily Mortimer) están a punto de darse por vencidos, Mary Poppins (Blunt), la niñera que rescató su infancia, regresa a sus vidas para ayudarlos.

La estructura dramática de la película no es el único recurso de esta secuela que emula la versión original.

Los números musicales se han desarrollado de la misma forma. La única razón por la cual esta película no puede ser descartada como un “remake” disfrazado de secuela es la dirección de Rob Marshall. Su trabajo aquí no está a la altura de lo que logró con su adaptación de “Chicago”, pero eso no quita que su dirección sea ágil y enfatice lacomedia y la diversión que trae el regreso de Mary Poppins a la pantalla grande.