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Sólo una vez. Michelle Obama sostiene que el cortafuegos entre el ala oeste de la Casa Blanca, donde se concentra el poder, y el ala este, el dominio de la primera dama, es una barrera sólida. Su marido, Barack, sólo la llamó una vez en ocho años para que acudiera al despacho oval. Fue el día de la trágica masacre de niños en la escuela de primaria Sandy Hook, en Newtown (Connecticut). Aquel 14 de diciembre del 2012, los dos lloraron.

Esta es una de las revelaciones que la anterior primera dama incluye en su libro de memorias. Becoming, que sale a la venta este martes. El lanzamiento, que se prevé como una de los superventas del año, con una edición inicial de tres millones de ejemplares y una presencia mundial en 31 idiomas, llega justo una semana después de las elecciones de medio mandato. Esta coincidencia, o no, encenderá de nuevo la discusión entre los progresistas para que ella lidere a los demócratas.

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Sin embargo, y siempre a partir del avance del The Washington Post, Obama insiste en quedarse fuera de esa pugna. “Nunca he sido una fan de la política, y mi experiencia a lo largo de estos últimos diez años me ha dado pocas razones para cambiar de opinión. Sigo desanimada por la maldad”, escribe.

Si hay un nombre que escenifica esa imagen del mal, ese no es otro que el del actual presidente. Tiene sus motivos para el desprecio, porque considera que Trump puso en riesgo la seguridad de su familia con la falsa teoría de la conspiración, denominada bither, de que su marido no había nacido en Estados Unidos.

“Todo ese asunto fue una locura y una mezquindad, desde luego, su intolerancia y su xenofobia apenas se ocultan. Pero también es peligroso, deliberadamente destinado a agitar a los psicópatas”, sostiene.

“¿Y si alguien con una mente inestable carga un arma y conduce hasta Washington? ¿Y si esa persona venía a buscar a nuestras hijas? Donald Trump, con sus ruidosas e imprudentes insinuaciones, puso a mi familia en peligro y por eso, nunca le perdonaré”.

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El volumen ya está impreso, así que suena a premonición. Hace un par de semanas, un fanático trumpista envió paquetes bomba a demócratas, entre ellos Barack Obama, todos ellos marcados por los insultos de Trump. Y para rematar, otro extremista entró en una sinagoga de Pittsburgh, donde mató a once judíos a los que, en eco de tuits y comentarios de Trump, señaló como financiadores de caravanas de inmigrantes.

Antes de partir a Francia este viernes, el presidente respondió: “¡Oh! ¿Michelle Obama dice eso? Le han dado mucho dinero por escribir un libro y siempre quieren que haya controversia”.

No se quedó satisfecho. “Os voy a dar un poco de controversia. Nunca perdonaré a él (Barack Obama) lo que hizo a nuestro ejército por no financiarlo adecuadamente. Lo dejó sin nada. Todo era viejo y usado. Y yo estoy en el proceso de gastar una enorme cantidad de dinero. Nunca le perdonaré por lo que hizo en muchos otros sentidos, a los que me referiré en el futuro. Si ella habla de seguridad, lo que él hizo a nuestro ejército fue muy peligroso para ti, para ti y para ti”.

La obra de Michelle Obama, de 426 páginas, supone un recorrido por la trayectoria vital de la primera dama negra de Estados Unidos, descendiente directa de esclavos. Relata su existencia familiar en un pequeño apartamento del South Side de Chicago, su formación en Princeton, cómo conoció a Barack (sintió una súbita atracción, pero insistió en ser sólo amigos hasta que la besó una noche de verano), sus problemas matrimoniales (por lo que acudieron a un consejero para superar la crisis), la pérdida de un bebé y cómo recurrieron a la fecundación in vitro para sus dos hijas, Malia y Sasha.

El lanzamiento le llevará a hacer una gira por diez ciudades estadounidenses, al estilo estrella del rock and roll, en grandes recintos y con figuras mediáticas de presentadoras, como Oprah Winfrey (la inauguración, en su casa, en Chicago) o Sarah Jessica Parker, en el Barclays Center. Michelle se convierte en figura de culto, pero no para todos.

Francesc Peirón – Diario La Vanguardia.