Mientras EEUU y México buscan nuevas medidas migratorias, en la frontera desalojan campamento

0
75

(AP) — Una delegación estadounidense de alto nivel se reunió el miércoles con el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, para acordar nuevas medidas para contener la llegada de migrantes a la frontera, mientras las autoridades mexicanas desalojaban de un campamento de migrantes situado a orillas del río Bravo.

Antes del encuentro, López Obrador reiteró que México está “ayudando mucho, lo vamos a seguir haciendo” en temas migratorios pero recordó que debe incrementarse la ayuda al desarrollo para los países de origen. Además, en los últimos días ha insistido en que aspira a ver progreso en las relaciones de Estados Unidos con Cuba y Venezuela, dos de los países de donde salen más migrantes.

A última hora de la tarde, no se habían dado a conocer nuevas medidas o acuerdos alcanzados.

Solo la secretaria de Relaciones Exteriores mexicana, Alicia Bárcena, indicó en unas breves declaraciones a la prensa en la tarde que la reactivación de los cruces fronterizos fue uno de los ejes del encuentro.

“La importancia de reabrir los cruces fronterizos, para nosotros es una prioridad”, dijo al salir del encuentro en el que participaron el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, y la asesora de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Liz Sherwood-Randall.

Bárcena adelantó que se hará un equipo de trabajo conjunto para tener reuniones periódicas con Centro y Sudamérica sobre migración aunque no ofreció más detalles.

En paralelo, excavadoras y trabajadores con machetes continuaban las labores de desalojo iniciadas el martes para retirar las tiendas de campaña en la ciudad fronteriza de Matamoros, frente a Brownsville (Texas).

Los migrantes se instalaron en la orilla del río a finales de 2022 y llegó a albergar hasta 1.500 migrantes, pero muchas tiendas fueron desalojadas en los últimos meses mientras los migrantes vadeaban el río para llegar a Estados Unidos.

Según explicó a AP, Segismundo Doguín, jefe del Instituto Nacional de Migración en Tamaulipas —el estado donde se ubica Matamoros—, negó que se tratara de un desalojo. “Lo que estamos haciendo es que carpa que vemos vacía, carpa que estamos quitando… pues ya se están empezando a ir” los migrantes.

Sin embargo, un hondureño que sólo quiso dar su nombre de pila, José, afirmó que algunos de los 200 migrantes que quedaban habían sido prácticamente obligados a abandonar el campamento a última hora del martes.

“Nos corrieron a todos”, dijo. Según explicó, les avisaron con muy poco tiempo para sacar sus tiendas y pertenencias del camino y se sintieron intimidados por la excavadora que se movía entre las tiendas. Los migrantes, agregó, “tenían que correr por su vida, porque si no, podía pasar un accidente”

Tanto Estados Unidos como México enfrentan una intensa presión para llegar a acuerdos porque la región vive un flujo migratorio sin precedentes que no ha podido controlarse pese a los intentos de Estados Unidos de abrir nuevos cauces para emigrar legalmente a la vez que endureció las consecuencias de hacerlo de forma irregular.

México ha registrado más de 680.000 migrantes irregulares en lo que va de año. Estos días un grupo de unos 6.000 avanza en caravana por el sur y acapara todas las miradas porque las autoridades no han hecho nada por pararlos, pero muchos miles más están llegando a diario a la frontera norte por todo tipo de vías, en tren, en autobuses, con traficantes.

Algunos días de diciembre las autoridades estadounidenses detectaron hasta 10.000 cruces ilegales diarios desde México y Washington ha tenido problemas para procesar a los miles de migrantes o para brindarles albergue una vez que llegan a ciudades en el norte de ese país.

Las industrias mexicanas se vieron afectadas la semana pasada por el cierre temporal de dos cruces ferroviarios con Texas, llevado a cabo con el argumento de que se tuvo que reasignar a agentes de la Patrulla Fronteriza para hacer frente al elevado número de cruces migratorios.

Otro cruce fronterizo permanecía cerrado en Lukeville, Arizona, y las operaciones quedaron suspendidas parcialmente en San Diego y Nogales, también en Arizona.

Este año han sido devueltos menos de 53.000 frente a los más de 122.000 de todo 2022 y en diciembre el Instituto Nacional de Migración ordenó la paralización temporal de los retornos y los traslados por falta de fondos. México también registró un récord en solicitudes de refugio, con casi 137.000 peticiones.

Sin embargo, los trámites legales son muy lentos y eso ha hecho que sea constante la formación de grupos que optan por salir caminando de Tapachula, cerca de la frontera con Guatemala.

La víspera de Navidad, justo antes de la llegada a Ciudad de México de los enviados estadounidenses, salió el mayor grupo de estas características del año que sigue caminando por el sur.

El miércoles Lázara Padrón Molina, una cubana de 46 años, estaba agotada después de andar unos 75 kilómetros bajo el calor hasta Escuintla, en el sur del estado de Chiapas. “Es muy largo el tramo para seguir caminando, ¿Por qué no nos acaban de dar los papeles para poder coger un bus, un taxi o algo?”, se preguntó la mujer. “Mira como tengo los pies”, agregó mostrando sus úlceras. “No se puede seguir caminando”.

En Ciudad de México, a sólo unas calles del Palacio Nacional, donde López Obrador recibió a la delegación estadounidense, está uno de los muchos campamentos improvisados de migrantes que hay en la capital del país.

Algunos aprovechan su llegada a la capital para registrarse en la plataforma que Estados Unidos habilitó para los solicitantes de asilo, el CBPOne, y esperar en Ciudad de México su cita.

La ecuatoriana Giovanna Santillán, de 30 años, que viaja con tres hijas y su esposo lleva un mes y medio en esa espera y durmiendo en una de las decenas de tiendas de campaña. “Aquí he escuchado de trenes, de buses (para llegar al norte) pero arriesgarse con niños es difícil”.

Pero muchos de quienes trabajan en los albergues, la mayoría gestionados por la Iglesia católica, repiten que los migrantes siempre encontrarán las formas de migrar.

Isabel Turcios, una monja de la Casa del Migrante de Piedras Negras, ciudad fronteriza con Eagle Pass afirmó que llevan “más de dos meses de estar recibiendo entre 800 y 1.000 migrantes” al día que casi de forma inmediata “se tiran al río” para cruzar a Estados Unidos.