No vacunados ponen a prueba la paciencia de los médicos

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El doctor Vincent Shaw posa para una foto en Baton Rouge, Luisiana, el 29 de septiembre del 2021. Dice que cuando un paciente se niega a vacunarse contra el COVID-19 porque no sabe lo que contiene la vacuna, le muestra un empaque de una golosina común y le pregunta si conoce todo lo que contiene. Asegura que ni él, que estudió química, conoce algunos de sus componentes. Afirma asimismo que la vacuna es segura. (AP Photo/Dorthy Ray)

La salud del paciente de COVID-19 se deterioraba rápidamente en un hospital de Michigan, pero el hombre no aceptaba nada de lo que le decía el médico. A pesar de que su nivel de oxígeno era muy bajo, el individuo, que no se había vacunado contra el coronavirus, se negaba a admitir que estaba enfermo y se molestó tanto porque el hospital no permitía que su esposa lo acompañase en su habitación que amenazó con irse.

El doctor Matthew Trunsky no se contuvo. “Puede irse cuando quiera, pero habrá muerto antes de llegar a su auto”, le dijo.

Este tipo de conversaciones son tan frecuentes que los médicos se están cansando de la negación y la desinformación en torno al virus y les resulta exasperante tratar pacientes no vacunados en momentos en que hay una nueva ola de contagios de la variante delta.

La Associated Press habló con seis médicos de Estados Unidos en torno a sus experiencias con pacientes no vacunados. Todos coincidieron en que les piden constantemente que les receten una medicina para tratar parásitos en animales. Uno relató que un paciente le había dicho que le habían mezclado un microchip en la vacuna como parte de un complot para controlar el ADN de la gente. Otro contó que le tuvo que mostrar a un paciente escéptico acerca de la vacuna una lista de los ingredientes de los pastelitos de Twinkies y explicarle que todo lo que comemos a diario tiene aditivos que pocos conocen pero que no son peligrosos.

Aquí sus historias:

MÉDICO DE LUISIANA: “Deje de ver Facebook”

Cuando un paciente le dice al doctor Vincent Shaw que no quiere la vacuna contra el COVID-19 porque no sabe lo que contiene, le muestra los ingredientes de un Twinkie.

“Dígame si puede pronunciar siquiera todos esos nombres”, les dice el médico de Baton Rouge, Luisiana. “Yo estudié química y todavía no sé lo que son”.

Sus pacientes también le dicen que las vacunas no han sido ensayadas lo suficiente. No se preocupe, los científicos han hecho su trabajo, les tranquiliza.

Algunas justificaciones son directamente alocadas. “Les ponen un rastreador y me hacen magnético”.

Otra explicación lo dejó sin palabras: “El paciente no entendía por qué la vacuna era gratis, porque la humanidad es perversa y nadie da nada gratis. El hombre no es bueno por naturaleza. No supe qué contestarle”.

La gente que se contagia y tiene síntomas leves insiste en que es naturalmente inmune. “No, usted no es Superman ni la Mujer Maravilla”, les dice.

Facebook es un problema, según este médico, quien dice que numerosos pacientes optan por no vacunarse en base a lo que vieron en esa aplicación.

“Me tomo la cabeza y les digo que dejen de mirar Facebook”.

MÉDICO DE UNA SALA DE EMERGENCIAS DE DALLAS: “Perdí toda la credibilidad” con los pacientes que se niegan a vacunarse.

El doctor Stu Coffman ve pacientes preocupados con las reacciones que pueden tener las vacunas. No confían en el proceso regulatorio y dicen que las vacunas pueden afectar su fertilidad, algo que se ha comprobado no es cierto. Uno le dijo que “las vacunas ANRm tienen veneno”, según había leído en las redes sociales.

Coffman no entiende esta resistencia a las vacunas.

“Si tienes una herida o un ataque al corazón, vas a una sala de emergencia”, expresó. “Pero apenas empezamos a hablar de la vacuna, pierdo toda credibilidad”.

Opinó que es vital detectar el origen de las dudas y demostrar con pruebas que no son válidas, pero que no hay esperanzas con los pacientes que creen que las vacunas contienen veneno. “No tengo nada que pueda demostrarles que no es cierto”.

Sostiene que podría hacer cambiar de opinión a los escépticos si se les permitiese acompañarlos de paciente en paciente, casi todos moribundos y que no se han vacunado.

MÉDICO DE KENTUCKY: Tras la diagnosis afloran las opiniones políticas

El doctor Ryanb Stanton dijo que hace poco tuvo un paciente que comenzó su conversación diciendo “no le temo al virus chino”. De inmediato supo que lidiaba con alguien con concepciones erradas acerca del virus, derivadas de sus ideas políticas.

Stantons atribuye la propagación de desinformación a gente como Alex Jones, elemento de extrema derecha que difunde teorías conspirativas. Como la afirmación de que la vacuna contiene células fetales o que “causó millones de muertes”.

“No pueden estar más equivocados”, dice Jones.

Cuesta ver esto, sobre todo después de haber vivido lo que vivió desde el inicio de la pandemia. En su peor turno el año pasado, llegó una anciana al borde de la muerte, procedente de un geriátrico. No veía a su familia desde hacía meses, por lo que el personal la sacó en una silla de ruedas para que su familia pudiese despedirse, a seis metros (20 pies) de distancia.

Dice que la vacuna trajo esperanzas pero que la variante delta y la resistencia a inmunizarse complican las cosas.

“Me asombran la cantidad de gente que tiene tanto miedo y las teorías conspirativas. Gente que tratará cualquier cosa, incluso medicinas de veterinarios, para mejorar”, pero no se vacunará, dijo Stanton.

NEUMÓLOGO DE MICHIGAN: Los posts de Facebook lo sacan de las casillas.

El doctor Trunsky se sentía tan frustrado con la resistencia a las vacunas que acudió a Facebook para describir lo que enfrenta diario en su hospital de Troy, Michigan. Su post incluyó ocho encuentros que tuvo en los dos días previos con 19 pacientes de COVID-19 que le dieron todo tipo de justificaciones generadas por la desinformación para explicar por qué no se vacunaban o que le pedían tratamientos que no han sido aprobados.

El ejemplo número 5 era de un paciente que dijo que prefería morir a recibir la vacuna. “Probablemente se cumpla su deseo”, le respondió el médico.

Cuenta que escucha todo tipo de desinformación, como que la vacuna es experimental, cuando no lo es. Muchos le dicen que vacunarse o no “es una decisión personal y que el gobierno no puede decirles lo que deben hacer y lo que no”. Algunos le dicen que están demasiado enfermos y que no quieren exponerse a las reacciones a la vacuna. Una mujer joven le dijo que no se había vacunado porque estaba dando de mamar a su bebé, a pesar de que su pediatra y su obstetra le habían dicho que lo hiciese. Tuvo que ser hospitalizada y finalmente fue vacunada.

Hay quienes la emprenden contra el personal médico y amenazan con llamar a sus abogados si no les recetan lvermectin, medicina que los veterinarios usan para matar parásitos. La medicina puede ser peligrosa en los humanos y no hay evidencia alguna de que ayuda contra el coronavirus.

Calcula que ha tratado a unos 100 pacientes con COVID-19 que fallecieron.

MÉDICO GENERAL DE ILLINOIS: Dice que hay desinformación originada en las Escrituras y en Nicki Minaj.

El doctor Carl Lambert escucha mucha desinformación disparatada de sus pacientes. Alguna viene del Viejo Testamento, otra de la rapera Nicky Minaj.

Abundan asimismo las teorías conspirativas, como la de que la vacuna contiene un microchip que controlará el ADN.

“Algo científicamente imposible”, expresó el médico de Chicago.

Hay pacientes que le dicen que la vacuna debilitará su sistema inmunológico: “Inmunología básica: Las vacunas ayudan tu sistema inmunológico”.

Hace poco recibió una cantidad de mensajes de pacientes preocupados de que la vacuna dañe sus testículos, un rumor que, según descubrió, provenía de un tuit equivocado de Minaj, según el cual la vacuna causaba impotencia.

“Son disparates. Tengo que suministrar información que no pensé era necesaria”, dijo el médico.

Parte de la desinformación ambulante proviene del púlpito, indicó. La gente le envía sermones de predicadores que dicen que la vacuna es “sacrílega o que tiene algo que lo marcará a uno”, una alusión a una expresión de las Revelaciones sobre “la marca de la bestia”, que algunas personas esgrimen para no vacunarse.

“Es una mezcla de miedo y decir ‘si haces esto, tal vez no seas tan fiel como cristiano’”.

Lo más común, no obstante, es que un paciente quiera esperar un poco, preocupado por la velocidad con que se produjo la vacuna. Pero él les dice, “por favor, no esperen durante una pandemia. La pandemia va a salir ganando”.

Buena parte de su trabajo, señala, “es borrar de sus mentes todo lo que escucharon”, responder todas sus preguntas y darles garantías de que “las vacunas funcionan, igual que cuando éramos niños”.

Se alegra de haber hecho cambiar de parecer a alguna gente. “Tengo pacientes que me dijeron, ‘pierde su tiempo conmigo, doctor’. Pero volvieron y me dijeron ’Sabe qué, he estado viendo las noticias y algunas cosas que… Estoy listo” para la vacuna.

DOCTORA DE UTAH: Temor a las reacciones a la vacuna primero; luego, temor a morir

Cuando la doctora Elizabeth Middleton les pregunta a sus pacientes por qué no se vacunaron, a menudo esgrimen el temor a las reacciones. Pero a medida que su condición empeora, sienten otro tipo de miedo.

“Empiezan a decirse, ‘¿qué hice, por Dios? Me está pasando a mí. Debí haberme vacunado’”, relata esta neumóloga del Hospital de la Universidad de Salt Lake City.

A menudo le dicen que la vacuna se produjo demasiado rápido, y ella piensa, ¿quién eres tú para juzgar la velocidad de la ciencia?

Igualmente frustrante es la noción reinante entre algunos de sus pacientes de que hay una “agenda secreta” detrás de las vacunas.

“Debe haber algo malo si nos obligan a hacer esto”, le dijo un paciente. “Y mi respuesta es que lo empujan a vacunarse porque estamos en una emergencia. Una pandemia. Una crisis nacional e internacional. Por eso lo hacen”.