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La cuarta semana del juicio en contra del narcotraficante mexicano Joaquín, El Chapo, Guzmán Loera ha comenzado en la corte de Nueva York con el testimonio de uno de los más temibles capos colombianos, Juan Carlos Ramírez, alias Chupeta.

Este lunes, Chupeta continuó con su detallada descripción sobre cómo su organización en Colombia vendía droga a los cárteles mexicanos para que la distribuyeran en Estados Unidos.

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Eran tantos los aviones cargados con cocaína a principios de la década de los años noventa que llegaban por la noche a México procedentes de Colombia, que parecía “una invasión”, dijo Chupeta.

Chupeta, exlíder del cártel del Norte del Valle, colabora ahora con el Gobierno estadounidense para poner a El Chapo tras las rejas de por vida, a cambio de una reducción de hasta 10 años en su pena de 35 años por asesinato y tráfico de drogas. El narco colombiano reconoció en la audiencia del jueves pasado haber ordenado el asesinato de 150 personas y él mismo haber matado a alguien

En un inicio, Chupeta y sus socios enviaban la droga a México en aviones (hasta 14 aviones por noche aterrizaban en pistas clandestinas), pero empezaron a tener problemas con la estrategia cuando la fuerza aérea colombiana derribó uno de sus aviones y las autoridades mexicanas decomisaron toneladas de cocaína, a pesar de que sobornaban a un comandante de la Policía Federal de este país, llamado Guillermo González Calderoni.

Por este motivo Chupeta ingenió una nueva estrategia, cambiar la ruta aérea por una marítima, usando barcos pesqueros y lanchas para recoger la droga de las costas colombianas y traerla a las mexicanas.

Para llevar a cabo su plan, Chupeta acudió al padrino de los narcos mexicanos, una personalidad del submundo criminal que ha salido a relucir en este juicio, Juan Esparragosa, alias El Azul. Según Ramírez, en la reunión participó El Chapo. El encuentro en el que según Ramírez también participó El Chapo tuvo lugar en el Reclusorio Sur de la Ciudad de México. Sin pasar por puntos de control y sin identificarse entraron a la prisión, que se había convertido en una especie de cuartel de El Azul.

Allí lo encontraron rodeado de su gente, entre botellas de whiskey, armas y otras drogas y acordaron que el Cártel de Sinaloa recibiría 45% de las ganancias de la venta de la cocaína de Colombia en Estados Unidos, un aumento del 5% por los sobornos cada vez más elevados que debían pagar a las autoridades mexicanas para mover la droga.

“El Azul me dijo a modo de chiste: ‘mi compadre Calderoni (Guillermo González) me dijo que están llegando tantos aviones con coca de Colombia que los gabachos (Gobierno de EE.UU.) dicen que parece que están invadiendo México’, de tantos que estaban llegando en la madrugada”, recordó Ramírez.

Así, en un solo envío llegaban a mover 10 toneladas de cocaína, y cada kilo lo llegaban a vender hasta en 30.000 dólares en Nueva York, donde tenían casas de seguridad para alojar a los narcomenudistas y la mercancía.

El testigo fue entrevistado este lunes por la fiscalía en la continuación del juicio por narcotráfico contra “El Chapo” en la corte federal en Brooklyn.
El colombiano aseguró que “El Azul” le dijo que había mucha presión del Gobierno estadounidense sobre el mexicano en ese momento, también por los pagos que según Guzmán Loera hacía a la policía para poder recibir los cargamentos de droga, que le suplían varios carteles de Colombia.

Pero en el mar, la vida no fue más sencilla, pronto comenzaron a tener problemas con los cargamentos que enviaban, si no era la policía costera la que interceptaba los barcos, un huracán los hundía o por error lo tiraban todo por la borda. En una ocasión, un cargamento de 20 toneladas de cocaína cuyo destinatario era Carrillo Fuentes, líder del Cártel de Juárez, fue hundido por el capitán del barco al sospechar, en un ataque de pánico causado por consumir demasiada cocaína, que la guardia costera estadounidense los perseguía.

Esta y otros contratiempos con los cargamentos de cocaína trajeron desavenencias entre los diversos grupos de narcos que se repartían los tajos del pastel que era el mercado de drogas americano, el más lucrativo del mundo.

Las discordias se solucionaban o se agravaban, según se vea, con el uso de la violencia. En cierta ocasión, El Chapo ordenó a uno de sus hombres de confianza (que también ha testificado en este juicio, Miguel Ángel Martínez, alias El Gordo) secuestrar a un agente suyo, dijo el Chupeta este lunes en la corte. Y aunque llegaron a un acuerdo después, las tensiones entre los diversos cárteles eventualmente desencadenaron una sangrienta guerra, cuyas consecuencias quizá repercutan hasta hoy.

Finalmente, Chupeta dijo a los fiscales que lo interrogaban que a pesar de que El Chapo cayó en la cárcel a principios de la década de los años dos mil, desde la cárcel continuó manejando los hilos del Cártel de Sinaloa, una declaración que los abogados de El Chapo han negado rotundamente.