Preparándonos para dos importantes celebraciones

En la semana entrante hay dos grandes celebraciones.  El viernes 1º de noviembre celebramos la Solemnidad de Todos los Santos y el sábado 2 de noviembre la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos. Quisiera tratar en el presente artículo la primera fiesta, y en el próximo número, precisamente para el día 2 de noviembre, consideraré el significado de la segunda celebración.

Quizás al comenzar de leer el primer párrafo, algunos hayan esperado que mencionara otra celebración, la que ha dado ocasión para que decoren las tiendas y las casas, para que se compren caramelos y calabazas y disfraces, y para que los jóvenes y los mayores hagan planes para tener grandes fiestas.  Esta otra fiesta, Halloween, es causa de mucho comentario de parte de personas creyentes, pero no pienso decir mucho al respecto.

Un par de breves observaciones solamente.  El nombre de Halloween, 31 de octubre, ya refiere al significado de este día al día siguiente, porque significa “Víspera de Todos los Santos”.  No hay duda que los orígenes de esta observación son paganos.  Hay opiniones diversas entre escritores católicos sobre si se debe o no permitir que nuestros niños celebren ese día.  Algunos dicen absolutamente que no, por los mismos orígenes paganos y por el uso que las sectas satánicas hacen de él.  Otros ven este día como una manera aceptable de burlarse del mal, mientras que se eviten los elementos que tienden hacia la violencia.  Como tantas de nuestras fiestas cristianas, las celebraciones de Todos los Santos y Todos los Fieles Difuntos tienen sus orígenes con tradiciones paganas.  Era la manera de cristianizar las fiestas paganas.  Yo no propongo una solución firme para cada familia para qué hacer con Halloween.  De lo que estoy convencido es que tenemos que poner más énfasis en el día siguiente.

Digo esto porque ese día siguiente, Todos los Santos, es la celebración de la victoria de nuestros hermanos y hermanas en el cielo.  La Iglesia Católica ha canonizado o beatificado, o reconocido como santos, a un número limitado de personas, se calcula que alrededor de 10,000.  Sin embargo, todos los difuntos que están ya en el cielo son santos.  Esta fiesta nos permite celebrarlos a todos a la misma vez.

En el libro del Apocalipsis, leemos que Juan, el vidente, vio “una muchedumbre tan grande, que nadie podía contarla.  Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas.  Todos estaban de pie, delante del trono y del Cordero” (Apocalipsis 7, 9).  Estos son los santos que ya están gozando de la dicha del cielo, y pasan la eternidad alabando a Dios.  Cuando Juan preguntó quiénes eran, se le dijo, “Son los que han pasado por la gran persecución y han lavado y blanqueado su túnica con la sangre del Cordero” (Apocalipsis 7, 14).

Podemos mirar la Solemnidad de Todos los Santos de un par de perspectivas.  Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “No veneramos el recuerdo de los del cielo tan sólo como modelos nuestros, sino, sobre todo, para que la unión de toda la Iglesia en el Espíritu se vea reforzada por la práctica del amor fraterno. En efecto, así como la unión entre los cristianos todavía en camino nos lleva más cerca de Cristo, así la comunión con los santos nos une a Cristo, del que mana, como de Fuente y Cabeza, toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios” (#957).

Vemos aquí que una razón para venerar a los santos es el ejemplo que nos dan.  Necesitamos ese ejemplo para ayudarnos a ser nosotros más fieles a Cristo.  Además, ya que somos miembros de una “comunión de los Santos”, vivir más perfectamente nuestra unidad con los que están delante del trono de Dios, nos ayuda a vivir más íntimamente nuestra unión con Cristo.  Por último, si los santos son nuestros hermanos, ¿cómo dudar de que ellos estén rezando por nosotros en el cielo?

En el próximo artículo, seguiremos con la consideración de los Fieles Difuntos.  Ya hemos visto hoy la relación que tenemos con los santos en el cielo.  Formamos todos una sola Iglesia, una sola Comunión de los Santos: la Iglesia peregrina en la tierra, la Iglesia que se purifica en el Purgatorio, y la Iglesia gozando en la gloria del cielo.  Ya que entendemos un poco mejor nuestra relación con los santos en el cielo, y por ellos le damos gloria a Dios, podremos la semana que viene ver nuestra relación con las almas del Purgatorio.

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