Regreso a clases en Uvalde será distinto después de tiroteo

0
63
Los profesores jubilados Raul Noyola y Ofelia Noyola visitan el martes 12 de julio de 2022 un sitio de homenaje en honor a las víctimas del tiroteo en la escuela primaria Robb, en Uvalde, Texas. (AP Foto/Eric Gay)

(AP) — Elsa Avila se arrastró hacia su teléfono, aterrorizada mientras se sujetaba el lado sangrante del abdomen y trataba de mantener la calma para sus alumnos. En un mensaje de texto a su familia que pretendía enviar a sus compañeros de Uvalde, escribió: “Me dispararon”.

Por primera vez en 30 años, Avila no volverá a la escuela cuando se reanuden las clases el martes en la pequeña ciudad del suroeste de Texas. El comienzo de las clases será diferente para ella y para otros sobrevivientes del tiroteo del 24 de mayo en la escuela primaria Robb, pues tendrá un énfasis en la sanación, tanto física como mental. Algunos han optado por la educación virtual, otros por las instituciones privadas. Muchos volverán a los campus del distrito escolar de Uvalde, aunque la primaria Robb nunca volverá a abrir.

“Estoy tratando de darle sentido a todo”, dijo Ávila en una entrevista en agosto, “pero nunca va a tener sentido”.

Una cicatriz en el torso le hace llorar como recuerdo permanente del horror que soportó junto a sus 16 alumnos esperando en su aula durante una hora a que les ayudaran mientras un hombre armado masacraba a 19 niños y dos maestras en aulas cercanas.

Minutos antes de sentir el agudo dolor de la bala que le atravesó el intestino y el colon, Avila estaba pidiendo a los alumnos que se alejaran de las paredes y las ventanas y se acercaran a ella. Un alumno que estaba cerca de la puerta para salir al recreo le acababa de decir que algo estaba ocurriendo afuera: había gente corriendo y gritando. Mientras cerraba la puerta del aula para que la cerradura quedara bloqueada, sus alumnos adoptaban las posiciones de encierro ya practicadas.

Momentos después, un hombre armado irrumpió en el ala de cuarto grado y comenzó a disparar antes de abrirse paso hacia los salones 111 y 112.

En el aula 109, Avila pidió ayuda en repetidas ocasiones, según los mensajes revisados por The Associated Press. Primero, a las 11:35 a.m., en el texto dirigido a su familia que, según ella, estaba destinado al chat del grupo de profesores. Luego, a las 11:38, en un mensaje dirigido al subdirector de la escuela. A las 11:45, respondió a un texto del orientador vocacional de la escuela preguntando si su aula estaba cerrada con: “Me han disparado, envíen ayuda”. Y cuando el director le aseguró que la ayuda estaba en camino, ella respondió simplemente: “Ayuda”.

“Sí, ya vienen”, le respondió el director a las 11:48 de la mañana.

No está claro si la policía vio sus mensajes. Los funcionarios del distrito no respondieron a las solicitudes de comentarios sobre las medidas adoptadas para comunicarse con las fuerzas del orden el 24 de mayo, y un abogado de la entonces directora Mandy Gutierrez no estaba disponible para hacer comentarios.

Según el informe de una comisión legislativa que describió una respuesta policial fallida, casi 400 agentes locales, estatales y federales permanecieron en el pasillo del ala de cuarto grado o afuera del edificio durante 77 minutos hasta que algunos finalmente entraron en las aulas y mataron al agresor. Los legisladores también encontraron un enfoque relajado hacia los cierres de emergencia —que se producían a menudo— y problemas de seguridad, incluidos problemas con las cerraduras de las puertas.

Las investigaciones estatales y federales sobre el tiroteo están en curso.

El distrito está trabajando para completar nuevas medidas de seguridad, y la junta escolar despidió en agosto al jefe de policía del distrito, Pete Arredondo. Los residentes dicen que sigue sin estar claro cómo -o incluso si- se puede restaurar la confianza entre la comunidad y los funcionarios. Algunos piden más rendición de cuentas, mejor formación de la policía y leyes más estrictas sobre armas de fuego.

Avila recuerda haber oído las ominosas ráfagas de disparos, luego el silencio, después las voces de los agentes en el pasillo gritando ”¡fuego cruzado!”, y más tarde más agentes de pie cerca.

“Pero nadie venía a ayudarnos”, dijo.

Mientras Avila permanecía inmóvil, incapaz de hablar lo suficientemente alto como para ser escuchada, algunos de sus estudiantes la empujaban y sacudían. Ella deseaba tener fuerzas para decirles que seguía viva.