Tasas de vacunación alarmantemente bajas en Venezuela

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Una niña llora al ser vacunada durante una campaña de inoculación contra el polio, la rubeola y la influenza organizada por el Ministerio de Salud de Venezuela en Caracas el 18 de junio del 2022. El país, sin embargo, carece de varias vacunas y tiene una de las tasas de inoculación de menores más bajas del mundo, según un estudio de la Associated Press. (AP Photo/Ariana Cubillos)

(AP) — Los gemidos penetraban las paredes de una clínica estatal en un barrio de viviendas destartaladas en el corazón de Caracas. Artemis Parra recibió una vacuna en cada brazo, contra el polio y el sarampión. No tuvo que pagar nada y llenaron algunos huecos en su registro de vacunas. Pero no alcanzaron para satisfacer los requisitos de vacunación de los niños de su edad.

Artemis necesitaba otras dos vacunas para protegerse contra una diarrea potencialmente fatal y contra trastornos respiratorios. El gobierno, sin embargo, no tiene esas vacunas y habría que pagar 400 dólares para recibirlas en un consultorio privado, una suma fuera del alcance de su madre, que no tiene trabajo, y su padre, un empleado estatal.

Las autoridades de salud pública vienen advirtiendo desde hace tiempo que en Venezuela, que lleva una década de agitación política y tiene un sistema sanitario que se viene abajo, hay una tasa de vacunaciones alarmantemente baja.

El país no puede comprar vacunas a través de un sistema regional con precios accesibles hasta que salde una deuda de 11 millones de dólares, derivada en buena medida de una lucha por el poder entre el gobierno y la oposición.

Es difícil conseguir estadísticas específicas sobre las tasas de vacunación en Venezuela, donde las instituciones se manejan con mucho secreto y abundan la corrupción y la burocracia. No se publican esas tasas desde el 2015.

Pero un análisis de la Associated Press de datos del gobierno y de estimados de organismos de salud pública indican que el país enfrenta una crisis de vacunaciones cada vez más severa, que la ubica entre las naciones con peores tasas del mundo en lo que respecta a la inoculación de menores contra enfermedades potencialmente mortales.

Muchos niños no han recibido varias de las diez vacunas recomendadas para los primeros 12 meses, que protegen contra 14 enfermedades, incluidas el polio, el sarampión y la tuberculosis. Las vacunas que necesita Artemis, contra el rotavirus y la enfermedad neumocócica, no se aplican desde hace varios años.

Las tasas son más bajas en el interior, lejos de las ciudades grandes. Figuras del gobierno y de la oposición se lanzan acusaciones mutuas, pero la mayoría coincide en que no hay suficientes vacunas para una población que las necesita desesperadamente, en un país abrumado por problemas de abastecimiento.

Las bajas tasas de vacunación hicieron que reapareciesen enfermedades prevenibles, incluidos brotes de sarampión y difteria, una infección grave de la nariz y la garganta.

En el 2016 América fue declarada la primera región del mundo sin sarampión, pero al año siguiente hubo un brote en Venezuela.

Los expertos dicen que la agitación reinante en Venezuela es la principal causante de la crisis de vacunaciones, agravada por la pandemia del COVID-19.

“En situaciones de conflicto, a menudo surgen varias partes que usan los servicios médicos para generar apoyo”, afirmó Katherine Bliss, directora del programa de inmunizaciones del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington. “Esto se puede reflejar también en una desconfianza en las autoridades y en los programas públicos, como los de las vacunaciones”.

Bliss dijo que las tasas de vacunación bajaron en todo el mundo por los confinamientos de la pandemia, y que Venezuela y otras naciones latinoamericanas enfrentaron serios problemas. Por un lado, no pueden financiar los programas de vacunación y por el otro, tampoco satisfacen los requisitos para recibir la ayuda disponible para las naciones pobres.

No sorprende que los déficits más grandes se registren lejos de los centros urbanos, de acuerdo con Bliss, que analizó la crisis de salud pública de Venezuela en el contexto de la crisis que vive el país.

“El acceso equitativo a la salud es muy problemático”, manifestó, destacando que a las zonas rurales y las poblaciones indígenas “les cuesta más acceder a los mismos servicios de calidad que a la gente de regiones más pobladas”.

Datos del departamento de salud de Venezuela que hacen un desglose del porcentaje de niños que han sido inmunizados según el programa de vacunas del estado –suministrados a la AP por un individuo del campo de la salud a condición de no ser identificado por temor a represalias– indican que aproximadamente el 70% de los niños han recibido una dosis contra el sarampión y menos del 30% recibieron la segunda dosis, que es un requisito. En dos estados del sudeste, en la frontera con Brasil, menos del 15% de los niños de esa zona rural, poco poblada, tenían la segunda dosis.

A nivel mundial, el 84% de los niños tienen la primera dosis y el 70% las dos, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud y la UNICEF.

El gobierno venezolano no respondió a numerosos pedidos de comentario de la AP respecto a la crisis de vacunas, incluida la escasez de dosis, las entregas pendientes, las fuentes de las dosis y los pagos de su deuda.

En lo que respecta a las vacunas contra el rotavirus y la enfermedad neumocócica, oficinas de las Naciones Unidas estiman que la tasa de vacunación en Venezuela es de cero para ambas vacunas y el documento del gobierno obtenido por la AP no menciona ninguna de ellas.

Los países vecinos tienen tasas más altas tanto para el rotavirus como para la enfermedad neumocócica: En Colombia es del 87% y el 89% respectivamente, y en Brasil del 76% y el 79%.

Ninguna de esas vacunas es ofrecida en clínicas como la que visitó Artemis Parra. Los pediatras de los hospitales públicos y el personal de los centros de vacunaciones generalmente recomiendan a los padres que busquen las vacunas en consultorios privados. Pero, como ocurre con la familia de Artemis, los padres rara vez pueden pagar esos costos.

“Estoy loca por ponerle las vacunas”, dijo la madre de Artemis, Adrianny González. “Sería feo tener que hospitalizarla por un virus”.

La clínica es parte de una campaña de vacunación contra el sarampión, la rubeola y el polio. Las vacunas llegaron a principios de junio a través de la Organización Panamericana de la Salud, la rama americana de la OMS, pero no está claro cuándo fueron adquiridas.

Por años, el gobierno venezolano adquirió la mayoría de sus vacunas a través del Fondo Rotatorio de acceso a las vacunas de la OPS. El programa consolida la demanda de los países participantes y hace compras grandes para conseguir mejores precios.

Este año, por ejemplo, las vacunas contra el sarampión, rubeola y paperas costaron apenas 1,55 dólares la dosis. Otras vacunas son más caras: La del rotavirus cuesta 6,50 dólares y las neumocócicas 14,50.

A pesar de la deuda que tiene Venezuela, el gobierno y la OPS consiguieron 4,4 millones de dosis para la campaña de vacunaciones. La OPS dijo que las entregas fueron resultado de la cooperación con el ministerio de salud venezolano, pero no respondió a preguntas de la AP sobre de dónde salieron los pagos. Un funcionario de la OPS insistió en una conferencia de prensa de junio en que Venezuela tiene prohibido comprar vacunas.