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Había una vez un joven que era el primero en todo: mejor atleta, mejor
estudiante; pero lo que nunca supo fue si era buen hijo, un buen compañero,
un buen amigo o un buen novio.

En un día de depresión se dejó morir, cuando iba caminando al cielo se
encontró con un ángel quien le preguntó: ¿por qué lo hiciste si sabías que
todos te querían? la respuesta fue:

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“Hay veces que más vale una sola palabra de consuelo que todo lo que se
siente…en tanto tiempo nunca escuché: estoy orgullosos de ti, gracias por
ser mi amigo, te quiero mucho…de la persona que más amé”.

Al quedar pensativo el ángel, el muchacho dijo: “y sabes qué es lo que más
me duele? El ángel triste le preguntó – ¿qué? – que todavía espero escucharlo
algún día, un ¡ TE QUIERO!

Luego de esto el ángel abrazó al muchacho y le dijo que no se preocupara
porque se acercaba a la única persona que siempre le dijo al oído que lo
amaba pero que él nunca lo escuchó, y que lo estaba esperando con los brazos
abiertos.

Conclusiones: Dios nos ama incondicionalmente, siempre está pendiente de
nosotros y su amor nos lo demuestra todo el tiempo.
Es bueno, importante, decirle a las personas que amamos y que son
importantes en nuestras vidas lo que sentimos por ellas. Un “te quiero” sincero vale más que la fama, la fortuna, los elogios por cumplir y las mentiras piadosas.

(Autor desconocido)