Tras 3 meses de guerra, la vida en Rusia ya no es la misma

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ARCHIVO - Unos pocos visitantes caminan el viernes 4 de marzo de 2022 dentro de la galería comercial GUM de Moscú, en Moscú, Rusia. (AP Foto, Archivo)

Cuando Vladimir Putin anunció la invasión a Ucrania, la guerra parecía estar muy lejos del territorio ruso. Pero a los pocos días el conflicto llegó a casa, no con misiles ni morteros, sino con una serie de sanciones de los gobiernos occidentales y castigos económicos de las empresas.

Tres meses después de que inició la invasión el 24 de febrero, muchos rusos de a pie sufren los estragos de esos golpes a sus condiciones de vida y a sus emociones. Los imponentes centros comerciales de Moscú se han convertido en espacios fantasmales con escaparates cerrados que en su día fueron ocupados por firmas occidentales.

McDonald’s —cuya apertura en Rusia en 1990 fue un fenómeno cultural— se retiró por completo de Rusia en respuesta a la invasión a Ucrania.

IKEA, el símbolo del confort actual a precios asequibles, ha suspendido sus actividades.

Decenas de miles de puestos de trabajo, que antes eran estables, han pasado a estar en riesgo en muy poco tiempo.

Grandes empresas industriales como las petroleras BP y Shell, y el fabricante de automóviles Renault, se retiraron, a pesar de sus enormes inversiones en Rusia.

La empresa Shell ha calculado que perderá unos 5.000 millones de dólares por intentar deshacerse de sus activos rusos.

Mientras las multinacionales se marchaban, también lo hacían miles de rusos que tenían los medios económicos para permitírselo, asustados por las nuevas y severas medidas del gobierno relacionadas con la guerra, que consideraban una caída en el totalitarismo.

Puede que algunos jóvenes también hayan huido por miedo a que el Kremlin imponga un servicio militar forzoso para alimentar su maquinaria de guerra.

Pero huir se ha convertido en algo mucho más difícil que antes: los 27 países de la Unión Europea, junto con Estados Unidos y Canadá, han prohibido los vuelos hacia y desde Rusia. Llegar a la capital de Estonia, Tallin, que antes era un destino fácil para un fin de semana largo a 90 minutos en avión desde Moscú, ahora toma 12 horas por una ruta que atraviesa Estambul.

Hasta los viajes indirectos a través de internet y las redes sociales se han limitado para los rusos.

En marzo, Rusia prohibió el uso de Facebook e Instagram —aunque se puede esquivar utilizando una VPN— y cerró el acceso a sitios web de medios de información extranjeros, como BBC; la Voz de América y Radio Free Europe/Radio Liberty, así como la cadena alemana Deutsche Welle.

Tras la aprobación por parte de las autoridades rusas de una ley que establece penas de hasta 15 años de cárcel para los reportes que incluyan “noticias falsas” sobre la guerra, muchos medios de comunicación independientes cerraron o suspendieron sus actividades, entre ellos la emisora de radio Ekho Moskvy y Novaya Gazeta, el periódico cuyo director, Dmitry Muratov, compartió el más reciente Premio Nobel de la Paz.

El impacto psicológico de las represiones, las restricciones y la reducción de oportunidades podría ser elevado para los rusos comunes, aunque es difícil de medir.

Si bien algunos sondeos de opinión pública en Rusia indican que el apoyo a la guerra en Ucrania es fuerte, lo más probable es que los resultados estén sesgados por los encuestados que guardan silencio, recelosos de expresar sus verdaderas opiniones.