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El presidente, Donald Trump, ha asegurado en una entrevista difundida este lunes que se niega de forma “absoluta” a que Puerta Rico pueda convertirse en el estado 51 de Estados Unidos, al menos mientras sigan en el poder los dirigentes que han sido críticos con él, como la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz.

La isla caribeña, ubicada a unas mil millas al sur de Florida, ha sido territorio estadounidense desde 1898, tras la guerra con España, y funciona como “estado libre asociado” desde 1952; así, los puertorriqueños son gobernados por el presidente y el Congreso estadounidenses, pero no pueden participar en su elección.

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Desde hace décadas, los ciudadanos de la isla debaten si deberían convertirse en un estado más con todos sus derechos y deberes, mantener la situación actual, o intentar obtener una mayor independencia. En el último referéndum no vinculante, en el que sólo participaron uno de cada cuatro votantes con derecho a opinar, el resultado abrumado fue a favor de integrarse en Estados Unidos.

Puerto Rico estaba ya entonces en una situación de quiebra que golpeaba el bienestar de sus ciudadanos, pero la situación empeoró aún más cuando, tres meses después, el huracán María asoló la isla, causando más de 3.000 muertos y daños estimados en 90.000 millones de dólares (se tardó casi un año en restaurar la electricidad, por ejemplo).

La alcaldesa de San Juan fue una de las más críticas con la gestión del Gobierno federal tras el huracán, pero no fue la única: incluso el gobernador, Ricardo Rosselló, que había evitado una confrontación con Trump tras la catástrofe, lamentó que el presidente fuera incapaz de aceptar la cifra de muertos establecida por estudios científicos (la contabilidad oficial admitía sólo 64 muertos, sin tener en cuenta todas las personas que perdieron la vida días después por los daños ocasionados por el huracán).

El Partido Republicano respaldó antes de las elecciones de 2016 la posibilidad de que Puerto Rico se convierta en estado con pleno derecho. El pasado mes de junio, se introdujo una ley en el Congreso, con apoyo de demócratas y republicanos, para iniciar ese camino, con vistas a conseguirlo en enero de 2021.

Pero este lunes Trump mostró su oposición frontal: “Con la alcaldesa de San Juan siendo tan mala e incompetente como es, Puerto Rico no debería hablar de convertirse en estado hasta tener a gente que realmente sepa lo que está haciendo”; aseguró en una entrevista a la emisora WTAM. Cuando Puerto Rico tenga a “líderes bueno”, podrá ser “algo de lo que hablar”, añadió. Hasta entonces, sería un “no rotundo”.

Cabe recordar que los ciudadanos de Puerto Rico han elegido a sus autoridades locales, incluida a la alcaldesa, de forma democrática.

El gobernador, Ricardo Roselló, que está a favor de integrarse en Estados Unidos, ha respondido así a Trump: “El presidente ha dicho que no está a favor de que el pueblo de Puerto Rico se convierta en estado, basándose en una trifulca personal con una alcaldesa local. Es un comentario insensible e irrespetuoso hacia los tres millones de estadounidenses que viven en el territorio estadounidense de Puerto Rico”.