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Donald Trump parece haber encontrado un nuevo enemigo, en este caso la gobernadora de Nuevo México, Susana Martínez, con el detalle de que la mandamás del estado es no sólo mujer, sino que una de las pocas figuras latinas a nivel nacional del mundo republicano -la primera mujer gobernadora.

Trump estuvo en Nuevo México el martes en la noche y de lo que más se ha hablado es de las protestas contra su presencia, en algún momento incluso con disturbios en las afueras del lugar donde se encontraba el virtual candidato republicano. Con todo, son protestas similares a otras que se han dado en varios lugares del país y que por cierto de seguro se repetirán hoy que Trump ponga pie en Anaheim, en el Sur de California.

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Es así que los ataques verbales de Trump a la gobernadora han quedado en relativo segundo término. Desde otra perspectiva, sin embargo, tienen igual importancia que las protestas adentro y afuera del sitio donde estuvo Trump en Albuquerque.

El punto es que Martínez es un caso único en el mundo republicano. Alguien a quien Trump necesita si es que tiene alguna esperanza de disminuir sus altos índices negativos con las mujeres y los latinos -al menos mujeres y latinos republicanos.

Y ni hablar de que al atacar a una prominente republicana Trump está profundizando la división y descontento que sigue existiendo dentro de sectores importantes del partido sobre su candidatura presidencial.

Trump se lanza a la yugular de otra mujer, esta vez hispana