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La tercera semana del juicio en contra de uno de los narcotraficantes más conocidos en el mundo, Joaquín, El Chapo, Guzmán, inició este lunes con declaraciones que estremecieron la corte de Nueva York, donde éste se lleva a cabo.

En el banquillo de los testigos, el Gobierno sentó a Miguel Ángel Martínez, un piloto aviador que aseguró haber trabajado con El Chapo para trasladar cocaína proveniente de Colombia. Martínez, también conocido como El Toloche o El Gordo, entró a la sala por la puerta principal sin prestar atención a nadie, reportó la agencia de noticias EFE.

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“¿Para quién trabajó?”, le preguntó el fiscal, a lo que el testigo señaló sin titubear a Joaquín Guzmán Loera. “¿Con quién se reportaba usted?”, continuó el interrogatorio del fiscal. “Exclusivamente con Joaquín Guzmán Loera”, respondió.

“¿Con qué otro nombre se le conocía”?, “El Chapo, El rápido, el ingeniero, el doctor, el arquitecto”, se escuchó de Martínez en la sala del tribunal.

Luego, el fiscal le preguntó si veía a Guzmán Loera en la sala y tras responder de forma afirmativa y ante el requerimiento del Gobierno, le identificó como el hombre que llevaba la chaqueta negra y camisa crema, la indumentaria que vistió hoy El Chapo.

Martínez también dijo que su exjefe llegó a ordenar sobornos de hasta 10 millones de dólares al comandante  de la policía, Guillermo González Calderón, quien a cambio ayudó a Guzmán a evadir la captura.

Entre los encargos del piloto, que trabajó para el Cártel de Sinaloa de 1986 a 1998, estaba contactar a los cárteles de Cali y Medellín, en Colombia. Luego, trasladaba los cargamentos que llegaban desde Colombia a México y los enviaba a Estados Unidos. Parte del trabajo, también hacer pagos para mantener las operaciones, como una especie de gerente que tenía oficinas en varios lugares de México.

Según Martínez, su colaboración con El Chapo terminó después de un viaje en avioneta a Durango en el que se rompió una de las hélices de la aeronave. Entonces, supuestamente, su jefe lo acusó de ser un mal piloto y él no volvió a trabajar para él. Sin embargo, según el mismo testigo, habían llegado a ser tan cercanos que El Chapo fue el padrino de su hijo.

Los abogados de Guzmán se quejaron de que su cliente estaba siendo incriminado por informantes de una reputación negra.

Con la llegada del testigo clave, el Gobierno incrementó las medidas de seguridad, hasta el punto de que los artistas de la corte tuvieron prohibido dibujar su rostro como lo han hecho con todos los que se presentan.

Los artistas no fueron los únicos que lidiaron con el aumento de la seguridad, la esposa del capo mexicano, la ex reina de belleza Emma Coronel, tuvo que volver a pasar por los detectores de metales por instrución del juez, Brian Cogan, luego de que la viera con un celular dentro de la sala donde se lleva a cabo el juicio, algo que está prohibido.