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Siempre he preferido escribir sobre hechos y cosas que he conocido personalmente. Jamás he visitado el vasto continente asiático, y mucho menos la China comunista; pues su despótico sistema político no ofrece serias garantías a los visitantes extranjeros, aunque sus malvados gobernantes aseguren lo contrario. La historia de este milenario país es enigmáticamente fascinante. Se dice que la obra cumbre de este hacendoso pueblo, hoy esclavo de un sistema brutalmente diabólico; lo es sin duda alguna, su gran muralla, considerada como una de las grandes maravillas del mundo. Durante algunos días, mi muy estimada Clara, he buscado y leído en varias enciclopedias los pormenores de esta gigantesca obra amarilla. Es realmente impactante y maravillosa. Fue construida en varias etapas comenzando en el año 259 aC y continuada su obra durante más de 1500 años, terminando definitivamente su construcción a finales del siglo XVII de nuestra era durante el gobierno de la dinastía Ming. Se dice que cerca de un millón de personas trabajaron en este gigantesco proyecto, en su mayoría esclavos que eran tratados de forma cruel y despiadada. Según informes fidedignos de misioneros jesuitas que visitaron el lugar en investigaciones científicas, los trabajadores tenían que mover grandes y pesadas piedras, muriendo muchísimos de ellos por el mal trato y la mala alimentación, y cuando esto sucedía, los cadáveres de los infelices esclavos iban a formar parte de los cimientos mezclados con la piedra, la arena y el cemento. Esta enorme muralla se construyó como muro de defensa y contención frente a los bárbaros procedentes del norte. Tiene un largo, según leo en la Enciclopedia Británica. de 2400 kilómetros, y es la única obra humana que puede verse desde el espacio exterior, como consta por el testimonio de los astronautas del Columbia y otras naves espaciales norteamericanas. La muralla está reforzada por un doble muro construido con piedras y relleno de tierra arcillosa. La altura oscila entre los seis y ocho metros y su anchura es también de unos ocho metros. Cada cierto tramo se construyeron varias torres de vigilancia a todo lo largo de la vía. La muralla fue utilizada igualmente como medio de comunicación rápida; pues podían transitar fácilmente a gran velocidad toda clase de carruajes para transportar mercancías y servir de correo entre otras ciudades situadas a grandes distancias. Los chinos se sienten tan orgullosos de esta obra maestra, que aseguran que su gran muralla es visible desde la luna; pero este dato no ha sido confirmado y parece algo utópico. La parte más famosa, quizás por ser la más visitada por turistas de todo el mundo, es la que se encuentra cerca de la ciudad de Beijing, en el punto conocido como Badaling y que parece ser la última etapa de la gran muralla terminada entre 1368 y 1664 dC. ¡Bien! ¿Qué te parece, mi estimada Clara, esta fascinante murallita china?

¡Fantástica embelesadora, enigmática!

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FINIS CORONAT OPUS.

Una de las Grandes Maravillas