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Primero fue un condescendiente “corazoncitos” a la salida de un mitin, y ahora un extemporáneo beso en la mejilla como respuesta a una pregunta política. En apenas un mes, estos dos gestos del presidente electo Andrés Manuel López Obrador hacia reporteras mexicanas han colocado sobre el mandatario de izquierdas un doble foco crítico: el desprecio a la prensa y el machismo.

En medio de su “gira de agradecimiento” tras arrasar en las urnas el 1 de julio, un vídeo publicado en redes sociales el viernes pasado muestra al presidente electo caminando hacia su coche en Mexicali, Baja California, Estado norteño que celebrará elecciones en 2019. Una nube de periodistas le rodea y en un lateral, fuera de plano, se escucha la pregunta de una reportera: “Señor, ¿le interesa el triunfo electoral aquí en Baja California para el año que viene?”. Obrador gira la cabeza, sonríe, se acerca, la besa y sigue caminando hacia el coche.

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La propia reportera, Lorena García, del diario local El Mexicano, ha expresado su malestar, considerando el incidente una falta de respeto. “Sí hay cierta molestia de mi parte porque finalmente hay una invasión a mi espacio vital. El beso no fue ni pedido, ni esperado, ni solicitado”, dijo esta semana en un programa de radio. La polémica ha forzado al equipo de Obrador a salir a la palestra. “Si esto ofende al público es algo que tenemos que reflexionar nosotros, pero no es con mala intención”, declaró en un programa de televisión el futuro portavoz de López Obrador cuando asuma la presidencia el 1 de diciembre, Jesús Ramírez Cuevas.

“Son actitudes que demuestran, por un lado, que no se toma con seriedad a los periodistas y, por otro, el comportamiento típico de ‘voy a callar a las mujeres con piropitos y con besos”, apunta Regina Tamés, directora del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE). “Son gestos que no tiene con periodistas varones. Obrador actúa con los modos del típico macho”, añade.

A principios de mes, el presidente electo fue inquirido por otra reportera sobre una de sus medidas más polémicas, el apoyo de Morena al Partido Verde en Chiapas, aliado tradicional del PRI. “No voy a hablar de eso, corazoncitos”, respondió desde el coche. “Pero estos acuerdos, ¿no manchan su imagen de gobierno?”, le insistieron. “No corazón, gracias”, añadió con gesto de hastío.

Para Marta Lamas, académica y una de las figuras más destacadas del feminismo mexicano, estos comportamientos hay que interpretarlos dentro de un contexto: “López Obrador es un hombre mexicano de más de 60 años que viene de toda una tradición internalizada de usos y costumbres de galantería que hoy está siendo cuestionada. Considero que es un despiste por su parte al no ser consciente de su cambio de posición. Ahora es el presidente y ya no puede comportarse como aquel candidato campechano y desmadroso”.

Durante la campaña electoral, el comportamiento de Obrador sorprendió a los analistas al abandonar la beligerancia con la que había afrontado las críticas durante sus otras dos peleas electorales. Su equipo se esforzó esta vez en suavizar al candidato hasta el paroxismo, colocando en la batalla de símbolos el lema: AMLOve. El propio Obrador se ha defendido así de las críticas recientes: “Son ustedes mis corazones, mis corazoncitos, yo les estimo mucho, les quiero. Yo llevo a la práctica el principio filosófico del amor al prójimo: amor y paz, ¿cómo les voy a tratar? Pues así con cariño, no soy autoritario, soy feliz, gracias a la vida”.