AMLO vuelve a marchar; lo acompañan cientos de miles

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El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, al centro, camina entre sus simpatizantes durante una marcha para apoyar a su gobierno, el domingo 27 de noviembre de 2022, en la Ciudad de México. (AP Foto/Fernando Llano)

(AP) — Esta vez no son feministas enfurecidas, ni madres buscando a sus hijos quienes convocaron a marchar sino el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, que el domingo volvió a las calles como en su época de activista acompañado de una marea humana de cientos de miles de ciudadanos que llenaron todo el centro de la capital mexicana.

A ritmo de mariachis, con bandas o cantos, mexicanos de toda la república caminaban con espíritu festivo por la Ciudad de México que, desde la madrugada, tenía sus principales avenidas atestadas de centenares de autobuses que arribaron del norte y sur del país.

Al frente iba López Obrador, el político que antes de llegar al poder lideró algunas de las mayores manifestaciones de este siglo en México y que ahora, como presidente, volvió a darse un baño de masas multitudinario, siempre sonriente, y custodiado por un discreto conjunto de guardias de seguridad vestidos de civil.

El mandatario llamó a todos a participar en la “marcha del pueblo” en un claro desafío a la oposición, que hace dos semanas salió en grandes números a protestar contra su gobierno, criticando sobre todo su más reciente apuesta de cambiar las leyes electorales.

Y el llamamiento tuvo eco. Los casi 5 kilómetros de recorrido quedaron totalmente llenos de gente y, aunque funcionarios presidenciales intentaron que López Obrador se subiera a un vehículo para avanzar más rápido hasta el Zócalo —la plaza principal de la ciudad en la que tenía previsto pronunciar un discurso_, el mandatario se negó. Cinco horas despúes del inicio de la marcha seguía avanzando lentamente a pie, entre fotos y manos que querían saludarle.

La inmensa mayoría de los participantes llegaron organizados por el partido gobernante, Morena, por sindicatos o por colectivos de todo tipo. López Obrador dijo que no se tocó “ni un centavo” del presupuesto federal para la marcha, pero no está claro quién pagó tantos autobuses.

Algunos grupos estaban organizados por los gobiernos locales. Otros por algún político o grupo que aspiraba a ganar protagonismo en el partido por llevar a muchas personas. Gaby Contreras, exalcaldesa de Morena, traía un grupo de la localidad de Teoloyucan, al norte de la capital, y era la única de ellos autorizada para hablar. “Estamos aquí para apoyar al presidente”, declaró.

Pedro Sánchez, un albañil que arribó con su esposa desde el istmo de Tehuantepec, en el sur del país, explicó que en su caso lo organizó todo la alcaldía.

La oposición denunció que muchos fueron forzados a acudir, pero los manifestantes lo negaron.

“Yo vengo desde Sonora en avión y me pagué mi boleto”, explicaba la abogada América Verdugo.

Celestino Licona, un comerciante del norte de la ciudad, llevaba un letrero que decía en tono jocoso que eran “acarreados” porque estaban hartos de los partidos políticos y de los altos salarios de los funcionarios.

“Se llama ‘organización’, y aunque no lo crean es lo que estamos haciendo desde 2006”, enfatizó Nelly Muñoz, una funcionaria administrativa de la Universidad Nacional Autónoma de México mientras viajaba en transporte publico junto a una matemática y una diseñadora para participar en el evento.

En 2006, López Obrador se quedó a un ajustado 0,56% de los votos para conseguir la presidencia. Denunció que había ocurrido un fraude electoral y consiguió que un número enorme de personas lo apoyaran. Fueron las mismas que durante los 12 años posteriores se organizaron y le llevaron al poder en las elecciones presidenciales de 2018. Parte de esa gente, algunos de ellos de clase media, académicos, defensores de derechos humanos, feministas o ecologistas, son ahora los más críticos del gobierno.

Clara Jusidman, fundadora de INCIDE Social —una organización no gubernamental especializada en democracia, desarrollo y derechos humanos_, y que ha participado en muchas marchas a lo largo de la historia, algunas junto al ahora presidente, consideró que “no importa el número, importa la razón por la cual la gente acude a las marchas”.

A su juicio, muchos mexicanos se sienten obligados a participar porque reciben transferencias directas del gobierno, que es la principal vía utilizada por el presidente para apoyar a los más necesitados, algo que ella considera es un sistema de “sujeción o subordinación” más que un ejemplo de democracia social.

Otros parecían más interesados en quedar bien con el partido de cara a las próximas elecciones locales, estatales o presidenciales. Algunos de los aspirantes a suceder a López Obrador en 2024, como el secretario de Gobernación Adán López; el de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard, y la jefa de gobierno de la capital, Claudia Scheinbaum, estuvieron presentes en la marcha.

No faltaron los fanáticos del mandatario, como Alberto Cervantes, que viajó desde Los Ángeles y llevaba su rostro tatuado en el brazo con las siglas “AMLO 4T”, y otros más críticos, como Lorena Vaca, que ondeaba una bandera de la comunidad LGBTQ y le pedía mayor atención para las mujeres y la comunidad transexual.

“Hay cosas en las que no estamos de acuerdo… pero eso no significa que no apoyemos el proceso de la Cuarta Trasformación”, señaló Aurora Pedroche, miembro de un sector crítico dentro de Morena que cuestiona a la dirigencia del partido pero apoya al presidente.

Sin embargo, es la falta de autocrítica, sus tintes mesiánicos y sus crecientes llamados a la polarización lo que le reprochan muchos sectores sociales que llevaron a López Obrador a la victoria, como las clases medias capitalinas, defensores de derechos humanos, ecologistas e indígenas, quienes han criticado sus políticas de militarización, de leyes cuya constitucionalidad se ha cuestionado en los tribunales o el apoyo a megaproyectos polémicos.

“No se puede hacer un cambio del día a la noche y Andrés Manuel no es infalible”, insistió Pedroche. “Pero hemos trabajado mucho y lo que no queremos es que esto se revierta”.

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El periodista de The Associated Press Mark Stevenson contribuyó a este despacho.