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DUBÁI, Emiratos Árabes Unidos (AP) — El reciente ataque contra el corazón del extenso imperio petrolero de Arabia Saudí se apega a un nuevo y peligroso patrón que surgió estos meses en el Golfo Pérsico: ataques precisos que dejan pocas pistas sobre sus autores.

Desde principios de mayo, con las explosiones todavía sin atribución que dañaron barcos petroleros en el estrecho de Ormuz, la infraestructura energética de la región ha estado bajo constante agresión. Esos ataques culminaron con el del sábado contra la instalación procesadora de petrolero más grande del mundo, en el oriente de Arabia Saudí, que redujo a la mitad la producción del reino y provocó un aumento en los precios de los energéticos.

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La autoría de algunos ataques la han clamado los rebeldes hutíes de Yemen, quienes desde 2015 han luchado contra una coalición dirigida por Arabia Saudí en el país más pobre del mundo. Su cada vez mayor sofisticación genera sospechas entre los expertos y analistas sobre la forma en que Irán los está organizando, o quizás incluso perpetrándolos ellos mismos, como afirma Estados Unidos en el caso del ataque del sábado.

“Irán puede contar con el escepticismo público para darse el lujo de algo de negación bajo cualquier circunstancia, pero con un ataque de esta magnitud hay mucha más posibilidad de provocar consecuencias diplomáticas y militares muy severas”, advirtió Michael Knights, investigador invitado en The Washington Institute for Near East Policy.

Por su parte, Irán reclamó la autoría de únicamente un ataque durante este periodo: el derribo de un dron de vigilancia del ejército de Estados Unidos que afirma que entró a su espacio aéreo el 20 de junio. Públicamente entregó medallas a los miembros de la Guardia Revolucionaria que operaron el ataque que derribó al dron. También ha reconocido la detención de petroleros, el más reconocido el Stena Impero, de bandera británica, el 19 de julio.

Sin embargo, los ataques contra los petroleros y los ataques cuya autoría han reclamado los hutíes contra la infraestructura petrolera de Arabia Saudí se asemejan a incidentes previos de los que se hizo responsable a Teherán. Los expertos señalan que Irán se vale ataques no atribuibles, aquellos en los que es difícil culpar a alguien dadas las circunstancias.

Hay varios motivos para esto. Desde la Revolución Islámica de 1979, Irán ha sido incapaz de comprar armas sofisticadas a Occidente, como los hacen sus vecinos del golfo árabe. Su fuerza aérea sigue llena de cazas F4, F5 y F14 hechos en Estados Unidos antes de la revolución, así como aviones de combate soviéticos. La Marina de Estados Unidos hundió la flotilla operacional de Irán en una batalla naval que duró un día en 1988 durante la guerra Irán-Irak.

Aunque ha construido su propio arsenal, los expertos dicen que las fuerzas armadas de Irán se las verían difíciles en una confrontación militar directa. Lanzar ataques que no puedan vincularse fácilmente a Teherán limita la posibilidad de una represalia directa.

De forma independiente, Teherán ha trabajado para aumentar una red de fuerzas intermediarias en el Medio Oriente. Irán respalda al grupo miliciano libanés y partido político Hezbollah, que le ofrece una vía para presionar a Israel, un viejo enemigo en la región. Irán ha hecho lo mismo con los hutíes, miembros de la secta zaidana chií que tomó control de la capital Saná en septiembre de 2014. Los ataques que estos grupos se han o les han adjudicado pudieron haber involucrado directa o indirectamente a Teherán, según analistas.

Quienes afirman que Irán está involucrado señalan que los ataques sucedieron en momentos clave del desmoronamiento del acuerdo nuclear de 2015 entre Irán y potencias mundiales, del cual el presidente Donald Trump retiró unilateralmente a Estados Unidos el 8 de mayo de 2018. Eso provocó una campaña de sanciones estadounidenses que han obstaculizado muchas de las exportaciones de petróleo al mercado internacional, y que funcionarios iraníes juraran que nadie sería capaz de exportar petróleo de la región si Teherán no pudiere hacerlo.

Un año después de que Trump se retirara del acuerdo nuclear, Irán advirtió que comenzaría a enriquecer su uranio a niveles más cercanos al grado armamentista. Cuatro días después, el 12 de mayo, fue el primer ataque misterioso contra un petrolero en el estrecho de Ormuz. Dos días después de eso, los hutíes dijeron que atacaron con un dron el crucial oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí.

Cuando el líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, se reunió con el primer ministro japonés Shinzo Abe que llevaba un mensaje de Trump el 13 de junio, un petrolero japonés y otro navío fueron atacados. Un video publicado después por el ejército de Estados Unidos parecía mostrar a fuerzas iraníes removiendo una bomba magnética, conocida como mina lapa, del navío japonés, algo que nunca explicó Irán. La Guardia Revolucionaria derribó el dron estadounidense el 20 de junio.

El ataque del sábado contra Arabia Saudí sucedió después de que Irán se distanciara aún más del acuerdo nuclear y antes de la Asamblea General de Naciones Unidas de finales de este mes, cuando hay rumores de una posible reunión entre Trump y el presidente iraní Hassan Rouhani. El ayatolá Khamenei negó el martes que Trump y Rouhani se fueran a reunir.

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