Biden celebra el 4 de julio en un entorno político diferente

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El presidente Joe Biden habla durante la celebración del Día de la Independencia en el Jardín Sur de la Casa Blanca, el 4 de julio de 2021, en Washington. (Foto AP/Patrick Semansky, archivo)

(AP) — El pasado 4 de julio, el presidente Joe Biden reunió a cientos de personas frente a la Casa Blanca para un evento que hubiera sido impensable para muchos estadounidenses el año anterior. Con el coronavirus en retirada, comieron hamburguesas y hubo fuegos artificiales en el National Mall.

Aunque la pandemia aún no había terminado, dijo Biden, “estamos más cerca que nunca de declarar nuestra independencia de un virus mortal”. En todo el país, los requisitos de mascarillas estaban disminuyendo a medida que caía la cantidad de infecciones y muertes.

En cuestión de semanas, incluso algunos de los aliados del presidente admitieron en privado que el discurso había sido prematuro. Pronto se sabría que la variante delta podría contagiar a personas que ya habían sido vacunadas. La variante omicron, aún más contagiosa, llegaría meses después, infectando a millones.

“Esperábamos estar libres del virus, y el virus tenía mucho más reservado para nosotros”, dijo Joshua Sharfstein, vicedecano de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg. La cantidad de personas en Estados Unidos que murieron a causa del COVID-19 casi se duplicó, de 605.000 a más de 1 millón, durante el año pasado.

Ese soleado discurso de hace un año en el Día de la Independiencia marcó una encrucijada para la presidencia de Biden. La pandemia parecía estar disminuyendo, la economía estaba en auge, la inflación no subía tan rápido como hoy y la aprobación pública de su desempeño laboral era sólida.

A medida que Biden se acerca a su segundo 4 de julio en la Casa Blanca, su posición no podría ser más diferente. Una serie de errores de cálculo y desafíos imprevistos tienen a Biden luchando por mantener el equilibrio en año de elecciones intermedias. Incluso problemas que no fueron culpa de Biden han sido combustible para los esfuerzos republicanos por retomar el control del Congreso.

Tras el resurgimiento de la pandemia, llegó la debacle de la retirada de Estados Unidos de Afganistán, cuando los talibanes tomaron el control del país más rápido de lo que se esperaba.

La invasión rusa a Ucrania a fines de febrero provocó un alza mundial en los precios del gas, lo que exacerbó la inflación que alcanzó un máximo de 40 años en Estados Unidos. Otro golpe llegó en junio, cuando la Corte Suprema anuló el derecho constitucional al aborto y restringió la capacidad de la Agencia de Protección Ambiental para regular las emisiones de gases de efecto invernadero.

Biden ha tratado de recuperar la iniciativa a cada paso, a menudo con resultados mixtos.

Promulgó nuevas restricciones de armas después de las masacres en Nueva York y Texas, y está liderando una reinversión en la seguridad europea a medida que la guerra en Ucrania entra en su quinto mes. Pero tiene herramientas limitadas a su disposición para enfrentar otros desafíos, como el aumento de los precios y la erosión del acceso al aborto.

“La gente está de mal humor”, dijo Lindsay Chervinsky, historiadora presidencial.

La última encuesta de The Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research muestra que el índice de aprobación de Biden es de 39%, el más bajo desde que asumió el cargo y una fuerte caída desde el 59% de hace un año. Solo el 14% de los estadounidenses cree que el país va en la dirección correcta, frente al 44%.